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¿Héroe o Villano?¿Usted qué haría? El médico que ultimó a 3 delincuentes

*¿Héroe o Villano?¿Usted qué haría? El médico que ultimó a 3 delincuentes en un puente peatonal de Bogotá.

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*¿Héroe o Villano?¿Usted qué haría? El médico que ultimó a 3 delincuentes en un puente peatonal de Bogotá.

 el mundo de guillo 4

La verdad sea dicha, este médico pasó a ser una especie de “vengador” momentáneo, un “héroe” transitorio cuya acción justificamos la mayoría de los colombianos frente a la cruenta situación de inseguridad que a diario vivimos y nos condiciona, al estar nuestra sociedad constantemente crispada y a merced del hampa.

Por Guillermo León Pantoja

a capitalproximadamente a las 11:40 de la noche, del último día de enero de este recién inaugurado año, un médico bogotano es perseguido y luego abordado por tres presuntos delincuentes en un solitario puente peatonal al norte de la capital colombiana. Para sorpresa mortal de los tres hipotéticos asaltantes, este desenfunda un arma de fuego y con certeros disparos acaba rápida y repentinamente con las tristes vidas del trio de supuestos forajidos, horas después se sabe que al menos uno de ellos, el que primero fue identificado por las autoridades, tiene amplios antecedentes policivos; los otros dos no tienen identificación alguna y se debe recurrir a medicina legal para establecer sus identidades.

El galeno en cuestión, trabaja en un hospital cerca de la zona en la que sucedieron los acontecimientos, en el frio puente de la calle 121 con la carrera 9, y se dirigía a su casa cuando ocurrieron los hechos. Aseguró que había recibido amenazas y que debido a ello se encontraba armado. Todo indica que se trata de un acto de legítima defensa personal pero, estoy seguro, abrirá de inmediato las puertas del debate: ¿Reaccionamos como individuos con capacidad de defensa frente a la delincuencia, o nos dejamos matar como corderos a la espera de la intervención -casi nunca oportuna- de las autoridades?

En la inspección de los cadáveres se encontró “un tipo de arma de fogueo, un arma blanca y un celular”, de acuerdo a lo señalado por el general Óscar Gómez, comandante de la Policía en Bogotá a Blu Radio, un importante medio de comunicación nacional, en el cual se indicó además que “el implicado entregó el arma y el salvoconducto correspondiente y posteriormente fue dejado en libertad mientras se analiza su testimonio”.

Aclaro que debo utilizar la palabra presuntos y supuestos como subterfugios jurídicos, porque es el tibio lenguaje que recomiendan utilizar a los periodistas para resguardarnos de posibles demandas; en lugar de llamar las cosas por su nombre y como son: “los tipos eran unos atracadores y punto”.

La verdad sea dicha, este médico pasó a ser una especie de “vengador” momentáneo, un “héroe” transitorio cuya acción justificamos la mayoría de los colombianos frente a la cruenta situación de inseguridad que a diario vivimos y nos condiciona, al estar nuestra sociedad constantemente crispada y a merced del hampa.

¿Qué haría alguien armado con un revolver y que sepa utilizarlo, frente a un episodio como éste en el que es acorralado a medianoche por tres bandoleros en la mitad de un solitario puente peatonal? La respuesta es fácil: “Caerles a tiros, llegado el caso”.

El porte de armas está restringido en algunas ciudades del país, así se tenga salvoconducto para utilizarla, pero seamos honestos ¿Respetan los bandidos esa norma? No digo que la sociedad deba armarse para repeler a los delincuentes porque, de ser así, volveríamos a la barbarie de un país sin ley; pero si debe entenderse una situación como esta.

No obstante, más que un salvoconducto para portar armas de fuego, quien cargue alguna debe estar preparado física y mentalmente para utilizarla, debería pasar exámenes psicológicos, pruebas psicotécnicas, de valoración ética, qué se yo, pero todo eso debe ser supervisado por las autoridades. El remedio no es una ciudadanía desarmada porque si, tampoco es la adquisición de armas a diestra y siniestra por quienes podrían ser incluso más peligrosos que la propia delincuencia. Se trata del cumplimiento de las normas, del establecimiento de parámetros que acompañen las medidas de seguridad consensuadamente, tanto en lo personal como en las estrategias diseñadas para la sociedad civil en general, de la observancia de la legalidad pero de la mano de las circunstancias que puedan suscitarse en una acción en particular -como es el caso al que nos referimos hoy- y de las acciones de peso que debe asumir el estado para liberar al país de lo que es hoy nuestra peor pesadilla: la delincuencia.

Claro está que el médico pistolero se pudo haber topado a medianoche, en la mitad de un solitario puente peatonal, con tres angelitos que le pedían inocentemente la hora, o un fosforo para encender un cigarrillo. ¡Pero eso no se lo cree nadie!

Se abre el debate

Así reseñó Caracol Televisión la noticia:

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