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COVID-19: Barranquilla y el Atlántico una metástasis reversible

metastasis reversible

La situación en el Atlántico y en el Distrito de Barranquilla pasó de preocupante a insostenible. ¡Estamos cundidos!, si no nos “ponemos las pilas” podríamos ser el Guayaquil de Colombia.

juan carlos torres

Por Juan Carlos Torres 

Para El Espectador

exclamacion signoCulpables somos todos!, por nuestra complacencia social que ha arraigado la cultura recochera, folclórica y del perrateo sin una fijación clara de límites entre la cultura caribeña, calurosa y alegre que nos caracteriza y la civilidad. Las actuales circunstancias de proliferación desbocada de la pandemia nos están pasando factura, como recordándonos que, como sociedad, estamos en mora de promover una cultura ciudadana sustentada en la autoconciencia, la autorregulación y el autocontrol.

En una sociedad donde la gente entrega las llaves cuando se embriaga y se coloca el casco, no por evitar una tragedia, sino por miedo al comparendo; y a la que aún hay que explicarle que arrojar basura en los arroyos inunda la ciudad, resulta complejo implorarle autodisciplina.

Barranquilla es hoy un relajo, como si nada pasara; así, no hay autoridad que alcance; el centro es un carnaval; en sus rincones resuenan los tableteos de las fichas de dominó esquinero y circulan denuncias de parrilladas, piscinazos y cocteles. La desobediencia no respeta estrato, aunque es más pronunciada en algunos sectores de la ciudad y el departamento.

La desinformación ha hecho metástasis a niveles incontrolables, han contaminado a la sociedad de todo tipo de miedos y teorías de conspiración; entre otras: que las autoridades están infectando a la ciudadanía con los tamizajes, que el bloqueo epidemiológico es un agravio a la dignidad de los barrios que hoy quieren estigmatizar, y que en las clínicas están matando a la gente de Covid19. Ahora amenazan médicos y les envían sufragios.

No es ignorancia, es falta de información. Las campañas publicitarias bonitas y letradas son útiles, pero no a todos los sectores sociales les nutre igual; no todos tienen el mismo nivel de educación ni de comportamiento, hay que saber segmentarlas. La realidad no es diferente a la fragilidad experimentada en las comunidades seducidas al canjear un voto por un tamal, una teja y cincuenta mil pesos; eso me recuerda que la clase política tiene su cuota de responsabilidad en el asiento de esta incultura en la sociedad civil atlanticense.

No podemos cambiar en dos meses lo que hemos hecho mal en años. Cuando debíamos fortalecer el respeto como valor social, los periódicos se dedicaban a burlarse de los muertos y sus dolientes, los locutores al perrateo y los políticos a comprar votos. ¿Entonces qué conciencia exigimos hoy y con qué moral?. Resulta en vano exigir disciplina social cuando no se invierte en cultura ciudadana.

Las múltiples denuncias contra clínicas que configuran el ideario de un cartel del Covid19, son temores propagados en todo el país y en todos los niveles de la sociedad, y no son infundados; nos dictan rememorar los paseos de la muerte, el cartel de la hemofilia y la guerra de las ambulancias caza Soat, entre otros. Errores como los de la familia que se agendó para realizarse las pruebas y sin practicárselas les llegaron los resultados positivos, generan una entendible incertidumbre que alimenta la resistencia social.

Para muchos, son tan visibles los esfuerzos de las autoridades que son innecesarias las claridades para entender que son asuntos aislados; sin embargo, para aquellos que no acceden a redes sociales, ni a prensa; que se informan a través de memes, cadenas de WhatsApp y por el teléfono roto del barrio, la semiótica y el mensaje debe ser distinto; ojalá puerta a puerta, y mejor si es con el acompañamiento de líderes comunitarios.

Ayer, la mitad de la cuota de muertos del país por Covid19 los puso Barranquilla y el Atlántico; ya esto es catastrófico y aún no alcanzamos el pico de la pandemia. Esta crisis exige una gran responsabilidad individual y colectiva. No fomentar la reproducción de información no verificada también es cuidarnos.

Hagamos un paréntesis, en esta eventualidad no hay lugar para discusiones ni lamentaciones. La responsabilidad de forjar la disciplina social, hoy, es de todos. Pasamos de un sálvese quien pueda a un salvémonos entre todos. Esta crisis está demostrándonos lo interdependientes que somos para subsistir y que el contagio no distingue estrato socioeconómico.

Las autoridades deben reinventarse y asumir un nuevo liderazgo en la combinación de la atención de la salud pública con las inherentes a la persuasión sobre el comportamiento social, articulado con la reapertura económica, para que cada avance no sea un revés. Más cerca del ciudadano y con mayor empatía mejor, ello se traduce en confianza, lo que redundará en la inserción del mensaje a las comunidades priorizadas y, por ende, en alcanzar el objetivo.

Más opiniones en Twitter: @soyjuanctorres

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