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La amarga experiencia de pedir un mercado a domicilio en medio del Toque de Queda

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Por física necesidad, acudimos a la instancia de realizar un pedido a domicilio, sometiéndonos a altos precios, despacho de marcas no deseadas, cobros no bien diseñados del servicio a domicilio y lo peor que, como sucedió con nosotros, ni siquiera llegue el mercado, lo que equivale a dejar sin víveres a quienes acuden a ellos por causa mayor como lo es, apegarse a la norma y tratar de decir yo me quedo en casa,

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Por Guillermo León Pantoja

e capitularn tiempos de coronavirus todo indica que no están dadas las condiciones para la implementación de instancias modernas como es el telemercado o las compras a domicilio a través de plataformas virtuales en el municipio de Soledad, algo que parece fácil pero que al parecer es todo lo contrario, a juzgar por nuestra desagradable experiencia personal solicitando un domicilio a la Olímpica ubicada en el barrio Los Mangos, en Soledad.

A esta supertienda le hicimos un pedido hace dos días y hoy ni siquiera sabían a dónde destinarían la compra; es decir, no tenían la dirección a donde hacerla llegar, a pesar de haber dicho ayer que la misma se hallaba en proceso de distribución y de que el requisito indispensable para tomar el pedido son los datos de quien lo hace como lo son nombre completo, número de cédula, correo electrónico, forma de pago y obviamente la dirección.

Es inexcusable que, dos días después de tomar el pedido, ese establecimiento responda que no sabe a dónde llevarlo. Sabemos que esa -y otras situaciones- las han afrontado muchos de los soledeños anónimos que, por física necesidad, acuden a la instancia de realizar un pedido a domicilio, no sólo de la supertienda a la cual nos referimos en esta oportunidad, sino a buena parte de quienes ofrecen el servicio, sometiéndose a altos precios no consultados, al despacho de marcas no deseadas, a cobros no bien diseñados del servicio a domicilio y lo peor, como a nosotros, que ni siquiera les llegue el mercado, lo que equivale a dejar sin víveres a quienes acuden a ellos por causa mayor como lo es, apegarse a la norma y tratar de decir yo me quedo en casa, huyendo del coronavirus.

Les dejo este pequeño relato escrito como para bajar la neura…

 

La amarga experiencia de pedir un mercado a domicilio en medio del Toque de Queda

s capitulare me ocurrió la “desafortunada” idea de pedir un mercado a domicilio, atendiendo la sugerencia de hacerlo para cumplir con el Toque de Queda, decretado en Soledad prácticamente desde el pasado viernes 1° de mayo. Tratare de ser breve en este relato, a diferencia del tiempo que me ha tomado descubrir que no estamos preparados para acudir a la instancia del telemercado.

Obtuve el whatsapp de la Olímpica de Los Mangos, por encontrarse mi vivienda a sólo dos cuadras del mismo. Luego de hacer el pedido, el miércoles 6 de mayo, esperé infructuosa y pacientemente que me confirmaran si lo habían recibido, que me dieran el monto que debería pagar y sobre todo que me dijeran cuándo iba a llegar.

Pasaron las horas, que se transformaron angustiosamente en días.

Al día siguiente, jueves 7 de mayo, logré que me contestaran un lacónico “en proceso”, luego de implorarles que me dijeran si enviarían el tan rogado pedido.

Me armé de paciencia, al tiempo que estiraba el poco café que quedaba en el tarro y distribuía -casi que grano a grano- la última media libra de arroz de nuestra despensa. Junto al Padre Jaramillo le dimos gracias a Dios por el día que se fue y la noche que llegaba, pero nada aún con los víveres.

El viernes 8 de mayo llegó con sus propias angustias, la principal de ellas que llegara la comida. Volví a escribir, a las 10:46 de la mañana, con la esperanza de que alguien contestara al otro lado de la línea del whatsapp: “Por favor necesito alguna respuesta, no me han dicho cuánto es, ni me han suministrado ningún tipo de información”, luego de enviar el mensaje me quedé observando fijamente el celular.

Catorce minutos después llegó una respuesta mediante una pregunta desatinada: «¿Qué barrio es?»

No podía creer lo que leía, significaba que en realidad nunca habían tomado el pedido.

Para ilustrar esta disparatada situación debo decir que, quien desee realizar una de esas dichosas “compras a distancia”, debe necesariamente suministrar su nombre completo, el número de su cédula, su correo electrónico, la forma de pago y lógicamente la dirección de su hogar. Pero esta persona con quien intentaba dialogar me estaba preguntando 24 horas después la dirección, cuando el día anterior me habían dicho que el encargo estaba “en proceso”.

–Hipódromo. – contesté extrañado.

–Pero pídalo a Sao, que le queda más cerca.– contestó indolente. –y el domicilio le sale caro.– agregó dejándome con más dudas que certezas.

Respiré profundo mientras sentía una llamarada que surgía abruptamente desde mi estómago y amenazaba con explotar en mis entumecidos dedos sobre el teclado del celular.

–Yo no entiendo por qué ayer me dijeron que estaba en proceso. Si no lo van a enviar me hubiesen dicho y habría hecho el pedido en otro supermercado. Pero usted no puede decirme, dos días después, que no pueden enviarlo y que el domicilio, por dos cuadras, me sale más caro que pedirlo a Sao Hipódromo, que se encuentra a dos kilómetros de distancia. ¡Eso es absurdo! – escribí con enorme molestia, casi rompiendo el táctil de mi celular.

Luego respiré y volví al teclado con mayor fuerza. –Mire, hagamos algo. ¡Ya no me mande un carajo!

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