Colombia vive una coyuntura que marcará el futuro inmediato del país: Las protestas y las elecciones de 2022
Siete largas, dolorosas y sangrientas décadas después llegamos a la coyuntura en la que hoy nos encontramos. Setenta y tres años después del asesinato de Gaitán, aunque estamos en mora de alcanzar muchas -si no todas- las reivindicaciones que el caudillo planteaba, nos enfrentamos a un mundo que cambió, que se globalizó, donde ya no existe la guerra fría, donde desapareció la Unión Soviética y donde Estados Unidos no ejerce su hegemonía en solitario.
Por Guillermo León Pantoja
l tema electoral en Colombia para el año entrante es inescrutable, extremadamente difícil de predecir; los medios de comunicación, entre ellos ‘la gran prensa’ aseguran que Gustavo Petro luce imparable y es cierto, pero falta mucho trecho aún y no necesariamente todos los indignados son izquierdosos.
Durante décadas en Colombia estuvo casi que prohibido hablar de política a ‘calzón quitado’, gracias a la violencia liberal-conservadora que engendró a la guerrilla y luego al paramilitarismo, tanto civil como de Estado. Por ello se hizo costumbre -por cortesía de una derecha enquistada en el poder con la complacencia de una izquierda impostora y colaboracionista- señalar como ‘socialista’ a todo aquel que osara hablar de ‘reivindicaciones sociales’, términos estos (socialismo y reivindicaciones sociales) que no son lo mismo, ni se escriben igual. De hecho el concepto de socialismo entraña tantas cosas que muchas veces resulta confuso.
En este y en los próximos artículos trataremos de hacer un análisis descarnado acerca de lo que está sucediendo en Colombia, del porqué nos encontramos en una ‘coyuntura’ y del futuro político de la nación. Pero antes -y para contextualizar- hablemos un poco de historia.
El ambiente político que nos condujo a ‘la coyuntura’
Aunque algunos no lo crean, en el siglo pasado, mucho antes de que Jorge Eliecer Gaitán encendiera las llamas de la protesta social en Colombia, la ultraderecha fascista de Hitler en Alemania y de Mussolini en Italia, crearon programas asistencialistas de bienestar social bastante exitosos, como el acceso a vivienda, a la salud y a la educación gratuita, que contribuyeron a domesticar y potabilizar la idea de esos regímenes, luego ampliamente calificados como atroces. Lo mismo sucedió en la Unión Soviética de Stalin y en la China de Mao, sin mencionar que el nazismo, promocionado por Adolf Hitler era -según su base ideológica- una mezcla de nacionalismo y ‘socialismo’ que ocultaba su verdadera vocación totalitarista, antidemocrática y sobre todo anticomunista.

Recordemos que ya en 1933 el inmolado Jorge Eliecer Gaitán -de quien se dice que nunca fue marxista pero si socialista- había fundado el movimiento político Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR), que poco tiempo después -quizás al darse cuenta que con ese nombre no llegarían a ningún lado- disolvió para vincularse al Partido Liberal, desde donde planteó la necesidad de una reforma agraria, una de las grandes deudas que aún hoy tiene el estado colombiano.
Al no poder jugar con sus propias cartas, en un mundo polarizado en el que había que tomar partido y declararse pro-yanqui o pro-soviético, la incipiente izquierda colombiana, siempre acusada de ir de la mano con la fe comunista, tuvo que enrolarse en el Partido Liberal y enarbolar el trapo rojo por encima de un gran sector de ese mismo conglomerado que pretendía, y lo hizo, hacerse un lugar en esa misma oligarquía que ya criticaba ampliamente el gaitanismo aunado ahora a un buen sector del liberalismo de los 40 y 50.
Todo lo anterior sentó las bases de nuestra dicotomía política, siempre fuimos una nación con visiones complementarias pero separadas en si mismas. No podíamos ver más allá del rojo y del azul, del capitalismo y del marxismo, de la guerra intestina y los extremos a los que nos empujaban al tratar de imponer formulas y modelos de gobierno que nada tenían que ver con nuestra idiosincrasia. El grave problema es que nos acostumbramos a eso y nunca logramos -siquiera- articular un concepto político o un sistema de gobierno a partir de nuestras propias necesidades, realidades y aspiraciones dentro de un estado que lograra satisfacer a todos los colombianos respetando nuestras diferencias. Nuestro consuelo es que lo mismo sucedió en toda Latinoamérica.
Como la mujer que no tuvo hijos porque no se casó o no encontró con quien, toca resignarnos a vivir sin la pesadumbre de lo que pudo haber sido y fijar la vista en el futuro. Colombia necesita un gobierno que se equipare al momento y trace el rumbo del desarrollo
En ese abrumador dilema debieron pasar más de siete largas, dolorosas y sangrientas décadas hasta llegar a la coyuntura en la que hoy nos encontramos. Setenta y tres años después del asesinato de Gaitán, aunque estamos en mora de alcanzar muchas -si no todas- las reivindicaciones que el caudillo planteaba, nos enfrentamos a un mundo que cambió, que se globalizó, donde ya no existe la guerra fría, donde desapareció la Unión Soviética y donde Estados Unidos no ejerce su hegemonía en solitario. Más de setenta años después parece ser que nos encontrarnos en la misma coyuntura, en el mismo lugar; con un gobierno atomizado, extremadamente impopular y con una conspiración en ciernes donde todo el mundo ha metido la mano, tal y como sucedió con la muerte de Gaitán.
La ‘coyuntura’
Hoy en medio de un Paro Nacional que nadie sabe cuando terminará nos preguntamos si habrá algún arreglo posible entre el gobierno y el comité de paro, o si todo esto se trata de una especie de golpe de Estado en cámara lenta. La situación parece un callejón sin salida en el cual -más que enfrentarse las diferentes nociones de país que tienen los ciudadanos- cada quien protesta por lo que quiere.
Pero a pesar de lo que piensa mucha gente -y de la percepción que nos brindan las redes sociales- la sociedad colombiana, hay que decirlo, se encuentra a distancia prudencial de cualquier extremo político, muy lejos tanto de la derecha fascista, como de la izquierda revolucionaria. El tema es que la inmensa mayoría de los colombianos estamos en ‘la coyuntura’, una instancia que se parece mucho a la famosa ‘grieta’ de la cual hablaba Lanata en 2013.
El periodista y escritor argentino, Jorge Lanata, uno de los más conocidos, odiado y amados de ese país, se refería al doloroso panorama político de Argentina que visceralmente enfrenta a peronistas y anti-peronistas calificando muy acertadamente la situación como ‘una grieta’ que divide al país. «Creo que todos somos la patria, creo que todos somos el país, creo que nadie tiene el copyright de la patria, la Argentina no es una marca registrada de nadie, de ningún partido, de ningún movimiento, de ningún gobierno, sea el que sea, y nadie tiene el copyright de la verdad. Y ojalá alguna vez podamos superar esta grieta, porque dos medias Argentinas no suman una Argentina; dos medias Argentinas son dos medias Argentinas, no suman una Argentina entera”, sentenció Lanata en una línea que describió sin medias tintas al país austral.
Las semejanzas con lo que sucede actualmente en Colombia son irrebatibles y parafraseando a Lanata, dos medias Colombias no suman una Colombia entera y nadie tiene el copyright de la patria. Dios quiera que superemos nuestra ‘coyuntura’.
Como la mujer que no tuvo hijos porque no se casó o no encontró con quien, toca resignarnos a vivir sin la pesadumbre de lo que pudo haber sido y fijar la vista en el futuro. Colombia necesita un gobierno que se equipare al momento y trace el rumbo del desarrollo que -cuanto antes- debemos lograr en todos los ámbitos, socialmente, económicamente, empresarialmente, industrialmente y tecnológicamente.
Debemos ocupar el espacio que nos corresponde en el nuevo concierto de las naciones competitivas, con un gobierno eficiente que permita el progreso de todos los colombianos. Necesitamos una serie de gobiernos eficaces que se parezcan a lo que somos mayoritariamente, un país de gente emprendedora que no quiere seguir jugando a héroes contra villanos, ni a izquierdistas contra derechistas, mucho menos a colombianos contra colombianos.
En cuanto a quién ganará las elecciones en 2022, falta tanto y falta tan poco a la vez que cualquier cosa podría suceder, incluyendo la posibilidad que tiene la izquierda colombiana de despilfarrar el inobjetable capital político que ha captado con el enorme poder de seducción que ha desplegado gracias a un presidente que, como Duque, ha sido su principal promotor en virtud del rechazo que aglutina en torno a su gestión. El reencauchado discurso del socialismo como panacea, con su oferta revolucionaria, mesiánica y populista, ha recibido enormes dividendos provenientes de la protesta. Pero atentos, que de no calcular bien el momento de detenerla, de no apagar a tiempo el fuego que está consumiendo al país y desactivar la escalada del conflicto, podría volverse en contra de las aspiraciones de todos los candidatos que de momento conocemos.
Mañana continuaremos con el tema.

Como la mujer que no tuvo hijos porque no se casó o no encontró con quien, toca resignarnos a vivir sin la pesadumbre de lo que pudo haber sido y fijar la vista en el futuro. Colombia necesita un gobierno que se equipare al momento y trace el rumbo del desarrollo