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La cultura ciudadana y su incidencia en los comportamientos

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La cultura ciudadana y su incidencia en los comportamientos

“Si nos apegamos a las normas básicas de la convivencia en las cuales nuestros derechos culminan en donde empiezan los de nuestros vecinos, no tendríamos razones para llegar a procesos sancionatorios, porque nuestro sentido común nos indicaría que estamos ante una conducta lesiva en lo personal o en lo colectivo. Allí es donde la falta de cultura ciudadana se transforma en un comportamiento contrario a la convivencia y debe ser sancionado por una autoridad”.

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e capitularn toda sociedad civil prevalece la protección y el fomento del ejercicio de los derechos fundamentales, instancia que permite la convivencia pacífica entre las personas. Las conductas y el comportamiento en general de cada uno de nosotros están relacionados a la órbita de la cultura ciudadana que no es más que una apuesta a la transformación social, mediante un ejercicio basado en la auto regulación del individuo y nuestro entorno humano. De eso se trata básicamente la cultura ciudadana como enfoque de la política pública en aquellos espacios en los que la gente ejerce ciudadanía.

Hoy quisiera hablar un poco acerca de la cultura ciudadana como condicionante de conductas que, al estar apegadas al buen hacer, nos evitan enormes dificultades a lo largo de nuestras vidas.

La cultura ciudadana como tal, juega un papel preponderante para la convivencia armoniosa entre los ciudadanos, nuestra conducta en los espacios públicos y nuestra participación en la sociedad. Es necesario que los habitantes de una comunidad comprendamos que la cultura ciudadana hace parte de esas acciones y costumbres del día a día que nos permiten convivir en armonía, frente a la sociedad.

Las conductas inapropiadas de un individuo ante la colectividad quebrantan el respeto hacia los demás y desnaturalizan esa visión constructiva de la cultura ciudadana.

Ejemplos hay muchos, desde el reconocimiento, el respeto y el cuidado del espacio público; pasando por hacer y respetar las filas y turnos frente a un cajero bancario o al interior de un establecimiento comercial, en el supermercado, en el abordaje del transporte público; lo observamos al darle paso al peatón cuando conducimos; cuando concedemos prioridad a los niños, a las mujeres embarazadas, a los ancianos y a las personas con discapacidad; son estas una serie de reglas que nos autoimponemos desde la cultura ciudadana, desde el sentido común.

Son justamente esas normas las que, sin estar necesariamente supeditadas a una sanción legal, resultan absolutamente necesarias para conservar el orden y la armonía a partir de los hábitos. Son sencillamente las buenas costumbres las que contribuyen al desarrollo de una sociedad en la cual la convivencia deja de ser una obligación para convertirse en un estilo de vida.

Ese debe ser nuestro desafío, el apuntalamiento de las áreas de influencia cultural que nos identifican y que históricamente han sido beneficiosas para todos, al punto de haber contribuido notablemente a reconocernos como una localidad amable, con impacto regional en el ámbito de nuestra capacidad de coexistir mediante nuestra bondad cívica.

Toda sociedad se debe caracterizar por la amabilidad de sus habitantes, y mucho tiene que ver con ese concepto el equilibrio de la familia que, para mal, se ha venido desdibujando debido -en buena parte- al desarraigo, pero sobre todo a la multiplicación de hogares disfuncionales, en los que no existe una figura que asuma la batuta jerárquica ejerciendo una influencia justa y ejemplarizante.

NUESTROS DERECHOS CULMINAN DONDE EMPIEZAN LOS DE NUESTROS VECINOS

Si nos apegamos a las normas básicas de la convivencia en las cuales nuestros derechos culminan en donde empiezan los de nuestros vecinos, no tendríamos razones para llegar a procesos sancionatorios, porque nuestro sentido común nos indicaría que estamos ante una conducta lesiva en lo personal o en lo colectivo. Allí es donde la falta de cultura ciudadana se transforma en un comportamiento contrario a la convivencia y debe ser sancionado por una autoridad.

Un ejemplo de ello es arrojar basuras en lugares prohibidos. Cuando alguien, sin importarle las consecuencias de sus actos, arroja desechos al cauce de un arroyo o a un espacio en el que no debería hacerlo está transgrediendo la ley pero para ello, y antes de ello, está contraviniendo la noción fundamental de la cultura ciudadana.

Esa conducta reprochable ocasiona una sanción por parte de las autoridades, ya sea mediante un llamado de atención o incluso en forma de multa. Lo ideal sería que -a partir de nuestros valores como seres que conviven en una sociedad de semejantes- tuviésemos la suficiente cultura ciudadana para saber que no debemos incurrir en ello; que no debemos faltarle el respeto a los demás y a nosotros mismos a partir de un pequeño acto, que incluso podría ser insignificante para muchos, como es el de arrojar las basuras en donde o cuando no debemos hacerlo.

Ese es un ejemplo básico de cultura ciudadana y en donde la carencia de esa noción transforma nuestras acciones en un comportamiento que va en contravía de la convivencia haciendo que pudiésemos ser sometidos a una sanción cuando la autoridad, en el orden moral, podríamos y deberíamos ser cada uno de nosotros.

Éxitos en su día…

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