El teléfono roto puede repararse (columna)

Cultura Educación Opinión

Nuestra columnista invitada, Cristina Miranda, nos presenta una serie de temáticas de valor para el individuo y las empresas, a través de ‘Comunicación que Transforma’. 

Todo empieza con un problema de comunicación, e inicia cuando dejamos de escuchar a los otros y empezamos a escucharnos solo a nosotros mismos.

Cuando decimos: “Te entiendo”, pero aún seguimos con nuestros zapatos puestos. Cuando nos sentamos en nuestras posiciones y dejamos que nuestros sentimientos ocupen el lugar que le corresponde a la razón.

Si usted está interesado en reparar un Teléfono Roto, le proponemos un camino posible.

De lo que hay en el corazón habla la vida

Tomarnos un momento para decidir llenar nuestro corazón de paz, es una sabia tarea que muchas veces olvidamos. Generalmente queremos resolver las conversaciones pendientes, en medio del acaloramiento que nos causan los estados emocionales por los que atravesamos en el momento.

Por ello, antes de establecer una conversación en la que debamos resolver asuntos importantes, tengamos una prudente y sensata conversación con nosotros mismos.

¡Sí! Darnos un tiempo para escucharnos, entendernos, respirar y apaciguar nuestras emociones. Identificar con quién es la situación. ¿Conmigo mismo o con el otro? Esa es la clave en este primer paso.

Escuchar al otro desde sus zapatos

Es todo un reto ¡para valientes! Para escuchar al otro desde sus zapatos, primero tengo que quitarme los míos. Ello significa que estoy dispuesto a Escuchar sin prejuicios, sin sentimientos encontrados, sin predisposición.

Implica tomarme un respiro y oxigenar mis sentidos, hacer silencio interior y elegir abrir mis oídos para recibir lo que la otra persona tiene para mí.

Sintonizar el mismo canal de mi interlocutor

Cuando escucho, no solo las palabras del interlocutor, sino todo lo que él es, entonces tendré la claridad de lo que me está diciendo, colocando el mensaje en su real dimensión, en el color que le corresponde, en la interpretación adecuada.

Recordemos que todos los seres humanos, al momento de hablar, no comunicamos solo palabras. Comunicamos todo lo que somos, sentimos y la manera como percibimos el mundo que nos rodea.

Cuando empiezo a escuchar, entonces puedo hablar el “mismo idioma” de mi interlocutor; es decir, podré comprender lo que me está planteando, entraré en sintonía con él. Tendré claridad acerca de los términos del mensaje, puntos de encuentro y de desencuentro. Y los elementos necesarios para intervenir de manera sabia en la conversación, serán totalmente claros para mí.

Aceptar y reconocer el valor de mi interlocutor

Cada persona tiene una forma particular de comunicarse, y cuando hacemos silencio para escuchar y observar, atender y comprender, estamos estableciendo una relación con el otro, desde lo que él es, no desde lo que yo quiero o me conviene que él sea.

Si me centro en mi verdad absoluta y espero una respuesta que se acomode a mis pretensiones, entonces estoy cerrando una puerta que me impide dar y recibir.

Cuando elijo crear puentes que me permitan comunicar lo que soy y dejar que el otro comunique lo que él es, estoy reconociendo la individualidad de cada ser humano y el maravilloso valor que hace la diferencia.

Cristina Miranda, comunicadora social y CEO de ‘Comunicación que Transforma’

Instagram: @cristinamiranda.co / Facebook: @cristinamiranda.co / LinkedIn: cristinamirandac

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