¡Primero los médicos, primero los médicos! (opinión)

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Si no está claro el tema de las vacunas para nuestros médicos que, con toda berraquera, le han puesto el pecho al coronavirus, en ocasiones hasta en las más paupérrimas condiciones de bioseguridad… ¿qué podría esperar cualquier hijo de vecino?

Está de regreso ‘El mundo de Guillo’, los hechos noticiosos desde el punto de vista de Guillermo León Pantoja, director de la plataforma Contrastes, periodismo sin límites.

Con el inicio de la vacunación contra el coronavirus en Colombia se entreabre la puerta de salida de esta desgracia mundial que ha sido la peste del Covid-19. Ahora el calvario de cada uno parece ser lograr acceder a la vacuna lo antes posible, para salir de esta.

Es curioso, pero la situación se me antoja parecida al final de una función de cine, en la cual los espectadores se apretujan velozmente frente a la puerta de salida cuando termina la peli; se asemeja al fin de un viaje -en cualquier medio de locomoción y por corto que sea- en el que la gente se apelotona y forcejea para tratar de salir uno antes que el otro.

La misma sensación, salvando las enormes diferencias, se experimenta ahora con la vacunación. ¿Será que si permanecemos sentados, parsimoniosamente, para salir de últimos con toda comodidad, correremos el riesgo de morir mientras esperamos? Pensando en ello, me pregunto quiénes deberían ser los primeros en traspasar esa puerta de salida. La respuesta, sin duda alguna, apunta a aquellos que puedan entrar a rescatarnos mientras esperamos nuestro turno, es decir, a “los médicos”.

No hay claridad en el proceso de vacunación

La Federación Médica Colombiana, al igual que la de los intensivistas -agremiados en la Asociación Colombiana de Medicina Crítica y Cuidado Intensivo– se encuentra muy inquieta con relación al tema del proceso de vacunación de los galenos contra el Covid-19, lo que les obligó a recurrir a la Procuraduría General de la Nación para exigir ante esa instancia -con todo juicio y respeto- ‘mayor claridad’ en torno a la situación. ¿La razón? Muy sencilla. Nadie sabe -a ciencia cierta- cuál es la metodología escogida por el Gobierno Nacional para la aplicación de los biológicos a ese gremio que -de por sí- constituye la primera línea de batalla contra el coronavirus aquí y en cualquier lugar de este planeta, hoy confinado por la pandemia.

Lea aquí la solicitud de los sindicatos médicos a la Procuraduría

Jorge Enrique Enciso, presidente de la Federación Colombiana de Sindicatos Médicos.

Ni las EPS, y mucho menos las IPS, tienen una clara idea de la operacionalidad del esquema en cuanto a los médicos. No se sabe a quiénes se les va a aplicar, ni cuándo. Aunque ya a algunos afortunados se les ha inoculado la primera dosis. Pero, se pregunta este columnista: ¿Acaso los médicos intensivistas no deberían ser los primeros en recibir la vacuna?

Otra arista, no menos espinosa, de esta enrevesada situación de salud, es la incertidumbre con referencia a lo que sucederá con los médicos cuyo estado contractual no esté definido o suficientemente regularizado. En este punto cabe preguntarse ¿qué va a pasar con aquellos que no se encuentren en el régimen contributivo o los que no estén al día con una EPS; los que están laborando por orden de prestación de servicios o a través de otras figuras, o aquellos que se encuentran en hospitales o puestos de salud cuyas condiciones financieras, como muchas en Colombia, sean verdaderamente críticas?

Sin embargo, la pregunta más inquietante, que internamente, desde cualquier rinconcito de la patria y en un incómodo silencio nos hacemos el resto de los colombianos parroquiales es: ¿Qué pasará con nosotros? Y es que, si eso está sucediendo con nuestros médicos, que con toda la berraquera le han puesto el pecho al coronavirus, en ocasiones hasta en las más paupérrimas condiciones de bioseguridad… ¿Qué podría esperar cualquier hijo de vecino?

De acuerdo con la Federación Médica Colombiana, esta ni siquiera fue consultada, o al menos tomada en cuenta para la formulación del Plan Nacional de Vacunación; lo que arroja más dudas acerca de todo este proceso. ¿Y entonces? ¿No son importantes los conceptos que ellos puedan tener para contribuir a una estrategia de vacunación que -por muy limpia que sea- se desarrolla en medio de tantas sospechas? No olvidemos que Colombia es el país de las sospechas y que las mismas se acrecientan aún más cuando -en el cuarto oscuro del secretismo- se toman decisiones tan sustanciales como esas, como parece estar sucediendo desde hace un buen rato en esta nación.

“Terrible que un familiar se nos muera de coronavirus, pero peor aún es que se nos vaya cuando ya existe una vacuna”: Lógicamente que este axioma no contribuye en nada a sosegar los ánimos y que más bien agita las angustias de aquellos que desean terminar -de una vez por todas- con este vía crucis que ha significado vivir por más de un año a la sombra mortal del Covid-19, tras cada tapabocas, en cada hipermeticuloso lavado de manos, o en todo discriminante y eufemístico distanciamiento social.

Es de humanos querer apurar el paso hacia la puerta de salida cuando la película es remala. Imagine entonces cuando llevamos meses metidos en casa en ‘modo supervivencia’, tratando de resolver las cosas sin lograrlo; aplazando la vida a retazos y dando tumbos económicos cada día; pero eso sí, con harto olor a bactericida y un sinsabor a vitamina C.

Lo cierto es que, aunque sabíamos de antemano que en Colombia el proceso de vacunación sería muy lento y complicado, no deja de ser malaleche que a diario nos enteremos de cosas como lo que está sucediendo con nuestros médicos. Así las cosas, como que habrá que abrirse paso a las trompadas para salir del cine.

 

Foto principal: Freepik

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