*Invasión de Rusia a Ucrania: Del aislamiento en la pandemia a una guerra absurda, la paradoja del siglo 21
Cabe una serie de preguntas sórdidas: ¿Importa si los soldados tienen o no la tercera dosis de la vacuna contra el coronavirus? ¿Usarán el tapabocas mientras acribillan a su hermano-enemigo? ¿Las victimas utilizarán el tapabocas por si acaso?¿Sirvió de algo para ellos todo este esfuerzo global por conservar la vida?¿Es necesario el carnet de vacunación para ir a la guerra?
Por Guillermo León Pantoja

o deja de ser sorprendente como pasamos, rápida y casi que inadvertidamente, de una etapa en la historia de la humanidad en la cual la vida tuvo tanto valor y tomó tanto sentido como fue la pandemia del covid-19 -al punto de que el mundo entero se aisló quedándose en casa para salvaguardar su existencia- a una guerra brutal como es la invasión rusa a Ucrania, en donde la vida no vale nada para las bombas que caen sin cesar sobre personas a las que el tapabocas ya no puede hacer nada por ellas.
1-Un hombre de 97 años de edad, que sobrevivió a los infames campos de exterminio nazi en la Segunda Guerra Mundial, hace ya 77 largos años, y luego a la pandemia de este siglo, falleció esta semana al caer una bomba “desnazificadora” sobre su techo, pasando a ser de inmediato parte de la estadística, convirtiéndose en un número más dentro de la sumatoria de víctimas, que ya se cuentan por miles en ese lugar del planeta.
Es inverosímil, asistimos a la gran paradoja del siglo XXI; justo cuando pensábamos que habíamos dejado atrás la barbarie de las guerras como las libradas en el siglo pasado y que la humanidad había logrado, por fin, un nivel de civilidad que no permitiría el regreso a las atrocidades como las que acontecen hoy en Kiev, Mariupol o Járkov, ciudades ucranianas que hace un mes difícilmente podíamos ubicar en un mapa y mucho menos sabíamos pronunciar sus nombres, pero que ahora -gracias a la inmediatez de la tele o de nuestros móviles- observamos como son reducidas a escombros mediante implacables bombardeos. Y todo ello en virtud, precisamente, de la tecnología que nos permite saber y ver en tiempo real, lo que sucede en cualquier lugar del mundo. Sin embargo, una duda se cierne sobre la verdad de lo que acontece, precisamente porque buena parte de los medios de comunicación -y hasta de las redes sociales- parecen estar al servicio de los actores beligerantes.
2- Una madre rusa le escribe por whatsapp a su hijo, desplegado en la “operación militar” de Putín en Ucrania, diciéndole que le enviará un pastel por su cumpleaños y el joven le contesta que se encuentra en medio de una maldita guerra.
3- La hija rusa que vive en Kiev con su esposo ucraniano llama por teléfono a su madre en Moscú y le dice que están bombardeando a la capital de Ucrania, su madre incrédula y probablemente instalada frente a su televisor le dice que no sea mentirosa, que nada de eso está pasando.
El mundo de hoy está globalizado y conectado como nunca antes, pero paradójicamente es más difícil discernir entre la verdad y la mentira, entre la noticia y el fake news o entre la realidad y la inexistencia, dependiendo del lugar en el mundo en el que te encuentres. Lo que para el pueblo ruso es una “intervención militar especial”, para los ucranianos es una sangrienta invasión conforme a la forma en la que cada quien te cuenta la historia.
Nosotros vemos los videos, los combates, los edificios en llamas y no requerimos mayores explicaciones para sacar nuestras propias conclusiones: ¡Esa es una guerra del hijueputa! Pero otra cosa sería, si no tuviésemos acceso a ese tipo de material y el país en el que vivimos, como es el caso de Rusia, controlara y censurara a los medios de comunicación particularmente en ese tema.
De allí la importancia y relevancia de los medios de comunicación que informen de manera independiente, lejos de la propaganda política y el control que ejercen los gobiernos.
No se trata de darle la razón a unos sobre otros, porque razones hay muchas. En cuanto a la verdad, esta ni es absoluta, ni tiene un solo dueño. Pero los hechos, estos sí que son irrefutables.
Quizás Putin, haya tenido razones valederas para invadir a su vecino, bajo la excusa de salvaguardar a su patria de una OTAN amenazante o la absurda idea de desnazificar un país cuyo presidente, Volodimir Zelensky, además de ser judío perdió a sus abuelos en el exterminio nazi durante la atroz segunda guerra mundial. En todo caso digamos que Rusia tenía razones para intentar hacer lo que aún no ha podido lograr ¿justifica eso la invasión de un país a estas alturas de la historia? Sencillamente no; meterse a punta de bala a otro país bajo excusas históricas, culturales, geográficas o cualquiera sea el argumento definitivamente no tiene justificación y punto.
Ni Rusia es una superpotencia, ni Putin es comunista
Para tristeza de quienes viven evocando los tiempos de la gran era soviética y aquella angustiosa y terrorífica guerra fría, Rusia -aunque posee el mayor arsenal nuclear del mundo- al carecer de los recursos financieros para sostenerse ya no es una superpotencia que pueda enfrentar a la OTAN, recordemos que la economía rusa es más o menos del tamaño de la española, que la misma se basa principalmente en la exportación del abundante gas y del petróleo que produce su extenso territorio y que en materia de tecnología Rusia se encuentra muy atrasada, por cierto que esa fue una de las grandes razones del derrumbe de la Unión Soviética.
Y para aquellos que viven atacando con furia paranoica a todo lo que huela a comunismo, les recordamos que Putin tampoco es comunista. Es más bien un ultranacionalista que ha fortalecido su poder político con un sistema basado en una oligarquía aprovechable y mafiosa, una especie de versión a la rusa de lo que vemos en Colombia.
Tampoco se trata de un loco que no sabe lo que hace, para nada. Putin sabe muy bien lo que está haciendo, el problema es que calculó muy mal y creyó que no se le aparecería el diablo en Ucrania, pensó en una invasión express y lleva ya un mes atascado en una guerra de la que no puede escapar sin que peligre su poder, a menos que huya hacia adelante, someta a Kiev y sofoque a su gobierno.
El problema consiste en que aunque gane esa guerra en la práctica será una derrota por el costo que la misma está teniendo. Tampoco podrá continuar por más tiempo refiriéndose a ese conflicto como una operación militar sin riesgos, cuando miles de madres empiecen a reclamar por el paradero de sus hijos fallecidos en Ucrania en medio de esa “sencilla operación en el país hermano”.
De guerras y pandemias
Todo lo anterior no es propaganda paga, son los hechos, las cifras, lo verificable. Y cabe hacernos una serie de preguntas que no por sórdidas dejan de ser existenciales en esta gran paradoja del siglo XXI: ¿Importa si los soldados tienen o no la tercera dosis de la vacuna contra el coronavirus? ¿Usarán el tapabocas mientras acribillan a su hermano-enemigo? ¿Las victimas utilizarán el tapabocas por si acaso?¿Sirvió de algo para ellos todo este esfuerzo global por conservar la vida?¿Es necesario el carnet de vacunación para ir a la guerra?
Se me olvidaba que en el siglo XX también hubo una pandemia, la gripe española, justo en medio de la primera guerra mundial, dejó 50 millones de muertos y aún así continuamos matándonos en la segunda parte de esa misma guerra. Dios nos libre del tercer capítulo…

