ANÁLISIS: La discusión sobre la licitación del servicio de agua y alcantarillado en Soledad

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ANÁLISIS: La tormentosa discusión sobre la licitación del servicio de agua y alcantarillado en Soledad

La discusión se ha centrado en un tema que es indiscutible. ¿Quienes tenemos acceso al servicio estamos satisfechos con la prestación del mismo en las zonas en las que nos llega el líquido vital las 24 horas? Ante esta pregunta es obvio que la respuesta, casi unánime, es y será afirmativa… Pero lo cierto es que esa no es la discusión, al menos por ahora.

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Por Guillermo León Pantoja

t capitularoda una estrepitosa tormenta se ha desatado en torno a la decisión de darle inicio al proceso licitatorio para la concesión del servicio de acueducto y alcantarillado en Soledad, cuyo contrato con la empresa Triple A fue a 20 años y llegará a su fin en octubre de este año.

El contrato de concesión de la prestación del servicio público de acueducto y alcantarillado fue firmado el 4 de diciembre del 2001, por 20 años, finalizando los términos el 17 de diciembre del 2021. No obstante, en esa misma fecha se estableció una prórroga por 10 meses más, lo que significa que el mismo tiene vigencia hasta el 17 de octubre del 2022. Por lo tanto, ya que el Concejo de Soledad no le otorgó la prorroga que sugirió el concesionario por diez años más, deberá procederse con la realización de una nueva licitación con miras a otorgar la concesión de la prestación de ese vital servicio por los próximos 25 años, en ese proceso podrá participar también la empresa que hasta la fecha tiene el contrato de concesión, es decir la firma Triple A.

Dicho esto hay que entrar a aclarar algunas cosas: En primer lugar el alcalde, Rodolfo Ucrós Rosales, toma una decisión que vendría a equilibrar la balanza a favor de su localidad al formular las nuevas reglas del juego para la prestación del servicio, una vez que -entre otras cosas- exige la existencia de un acueducto local que satisfaga la demanda de casi un millón de habitantes con los que cuenta hoy en día el municipio de Soledad. En el 2001 la población escasamente sobrepasaba los 300 mil habitantes.

Un dato no menor, proporcionado por el hoy concejal Alfredo Arraut Varelo, y quien fuera el alcalde de Soledad en ese entonces -siendo de paso quien firmó con la empresa Triple A la concesión de este servicio- apunta que en el 2001 había en Soledad 32 mil viviendas, unos 160 mil habitantes, que tenían la expectativa que con la entrada de la firma española se solucionaría radicalmente el problema de agua potable y saneamiento básico, lo cual sucedió. Pero hoy en día, 20 años después, son al menos 164 mil los predios que se sirven del agua potable y existen algunas zonas grises en el tema de la inversión que le correspondía realizar a la firma concesionaria, particularmente en las redes de alcantarillado, que deben ser aclaradas por el bien de todos.

Pero lo verdaderamente injustificable es que a estas alturas la localidad, teniendo 10 kilómetros de ribera con el río Magdalena, deba depender del agua que llega desde Barranquilla para apaciguar su sed y otros físicos requerimientos. Ni hablar del acueducto de Soledad, que aunque insuficiente no fue modernizado, ni acondicionado, en estos últimos 20 años por parte de la firma concesionaria.

De otra parte, en virtud del crecimiento poblacional que ha experimentado Soledad, más de 28 mil familias se encuentran hoy sin el servicio de agua potable -y tampoco cuentan con alcantarillado- lo que resulta también inaceptable, aunque seguramente tendrá una explicación. De modo que establecer unas pautas para la prestación del servicio en esos dos aspectos, sin mencionar otros, es completamente lógico, justo y necesario.

Allí tampoco debería haber discusión.

La discusión no es la prestación del servicio para los que estamos conformes con el mismo

Sin embargo la discusión se ha centrado en un tema que es indiscutible. ¿Quienes tenemos acceso al servicio estamos satisfechos con la prestación del mismo en las zonas en las que nos llega el líquido vital las 24 horas? Ante esta pregunta es obvio que la respuesta -casi unánime- es y será afirmativa; sobre todo si la comparamos con lo que había antes de la llegada de la Triple A, cuando había agua un día si, al otro no, y al siguiente tampoco. El servicio hoy es constante y de calidad; allí no hay espacio para mayores controversias.

Pero lo cierto es que esa no es la discusión, al menos por ahora.

El temor a una nueva licitación

La concesión fue a 20 años y ya el tiempo terminó y punto, de modo que hay que volver a licitar en un proceso en el que la Triple A obviamente también va a participar.

«Que ya tienen la empresa que va a ganar la licitación», «que es obvio», «que ya está arreglado», son afirmaciones que no dejan de ser especulativas, aunque estén amparadas en la consabida sospecha del manejo dudoso de las cosas públicas, tan arraigado en este país y muy especialmente en el municipio de Soledad.

Pero no se puede juzgar a nadie por lo que pudiese estar pensando o planeando hacer, si antes no materializa el hecho que estamos denunciando. Que yo sepa, sólo los estadounidenses tienen una extraña ley que puede llevar a la cárcel a alguien solo por el hecho de estar «planeando» cometer un delito, pero ese es otro tema.

Lo que quiero decir es que no podemos basar nuestras apreciaciones en supuestos lógicos que no contribuyen a ver con claridad las dimensiones de un problema, o incluso de una oportunidad, que sobrepasa las expectativas de únicamente la prestación de un buen servicio; ya que la operación de esa concesión podría complementar aspiraciones de desarrollo para la ciudad, como por ejemplo el hecho de que el municipio sea socio de la firma concesionaria. Eso lo veremos más adelante.

Tener o no tener, he allí el dilema

El tema puntual de la falta de acueducto propio hace que el municipio en este momento dependa del agua que llega desde Barranquilla y en ese orden de ideas dificulta la entrada de otro operador, porque sencillamente tendría que comprarle, si o si, agua en bloque a la Triple A. Ya algunos se apresuran a decir que «esto incrementaría las tarifas» mientras otros aseguran que, «por el contrario, podría contribuir a rebajarlas porque Soledad paga el agua más cara del departamento», esto vamos a tratarlo en una entrega especial.

De otra parte, aunque el contrato de concesión especificaba que la firma debía dejar operativo el acueducto municipal, este se encuentra en construcción y todo ese proceso tardaría al menos dos años en concluirse, de acuerdo a todas las fuentes consultadas. De manera que si llegara otro operador deberá adquirir agua de la Triple A, hasta tanto se culmine el mencionado y tan anhelado acueducto.

¿Que si esto podría afectar las tarifas? Conforme a lo señalado por expertos consultados esto no tendría repercusiones tarifarías, ya que existe un valor nacional estipulado para el agua potable en bloque, pero eso convertiría al operador en una especie de distribuidor de un producto made in Barranquilla o algo así. Claro que no falta quien diga lo contrario; pero en la viña del señor hay de todo y hay conceptos de conceptos, tarifados o no.

Un tema fundamental en todo esto es el agua potable como un bien común y a la vez como un negocio. El agua como recurso ha sido caracterizada desde diferentes perspectivas, como bien público, como bien económico y como bien común. Desde el enfoque de derechos humanos, el acceso básico a la misma, así como el saneamiento, ha sido reconocido como un derecho humano fundamental. Pero a la vez es un negocio y todos lo sabemos.

Ser accionistas del servicio

Como también sabemos que el Distrito de Barranquilla tiene el 65% de las acciones de la empresa Triple A, lo que le convierte en el accionista mayoritario de esa firma. Y esta, como toda empresa, brinda dividendos para quienes la usufructúan. De modo que, con las utilidades que ingresan por ese concepto, el Distrito de Barranquilla puede acometer obras de infraestructura física que se reflejan en más y mejores escuelas, más pavimentación, mayor conectividad y un largo etcétera, que se hacen posibles -en muy buena parte- por las ganancias obtenidas en la prestación del servicio de acueducto y alcantarillado. Esto es magnífico para Barranquilla pero… ¿lo es para Soledad?

El solo hecho de contemplar la posibilidad de una participación accionaria en el nuevo modelo de prestación del servicio en el municipio de Soledad plantea un elemento nuevo al cual cualquier ente territorial, con un inmenso capital humano como lo tiene Soledad, debería apostarle. Es decir, la clientela del servicio la tiene el municipio y lo lógico es que este también obtenga regalías por la prestación del mismo, para resolver en parte problemas o carencias estructurales; no olvidemos que los estratos 1, 2 y 3 son susceptibles de subsidios en el servicio que presta el operador y que los estratos 4, 5 y 6 coadyuvan al pago del mismo. Pero hay una mala noticia para Soledad: a diferencia de Barranquilla los butifarreros no cuentan sino con estratos 1, 2 y 3 y de hecho el 90% de la población pertenece a estratos 1 y 2.

Así las cosas, la carga para la localidad es enorme ya que le corresponde subsidiar al 90% de la población, carece de acueducto propio, tiene 28 mil familias sin el servicio y encima el Distrito de Barranquilla, de alguna u otra forma, se beneficia del negocio.

 

Seguiremos de cerca todo este proceso en esta serie que hemos querido denominar: La Batalla del Agua, hasta la próxima…

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