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9 razones por las que el mundo no volverá a ser el mismo después del coronavirus

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La cuarentena que millones de seres humanos nos ha correspondido vivir para que nuestra especie prevalezca ante la pandemia ocasionada por el coronavirus nos deja una serie de enseñanzas; algunas de ellas, seguramente, permanecerán con nosotros por un buen periodo de nuestras vidas, quien sabe si para siempre. Para empezar, la costumbre de darnos la mano y del contacto físico, sin mayores necesidades, deberá revaluarse. Muchos empresarios y trabajadores convergerán en la idea de que es, en muchos casos, más rentable trabajar desde la casa, con el correspondiente ahorro en arriendo de oficinas y servicios públicos para los empleadores; así como transporte, tiempo y hasta vestuarios, para aquellos que laboran desde la seguridad y comodidad de sus hogares. Contrastes.co les trae un breve vistazo sobre algunos de los aspectos que tienen mayor relevancia en esta tarea de tratar de diagnosticar qué nos dejará la covid-19 y nuestra lucha por la supervivencia.

Por Luis Vagía Vega / Infobae.com

Si Internet ya estaba cambiando el mundo, ha tenido que ser una pandemia la que nos ha puesto definitivamente frente al espejo, con nuestras virtudes y miserias. Todos somos corresponsables de la imagen que está proyectando ese espejo. El mundo no volverá a ser el mismo por las siguientes razones:

1. El colegio y las universidades no son solo un edificio

Estos días quedarán marcados en la memoria de los más pequeños. Son esponjas que absorben todo: nuestros miedos, actitudes, solidaridad y nuestra capacidad de reinventarnos. Para los niños en particular, todo debería de ser positivo, el cambio es parte de su proceso de aprendizaje. La tecnología democratiza el acceso a la educación, es posible seguir formando a distancia y la universidad se transforma así en un puerto seguro al que volver en diferentes etapas de nuestra vida, especialmente si hay tormenta.

2. Desigualdad social

Vencido el virus, este es el siguiente enemigo al que hay que combatir. Es un enemigo que tiene muchas caras. No todos los niños durante el confinamiento han tenido acceso a Internet para continuar su formación. No todos los adultos están en la misma situación. Al analfabetismo clásico hay que añadir el digital, que en combinación con la apatía pueden llegar a radicalizar la desigualdad social. La brecha digital es también generacional y afecta a nuestros mayores.

3. Una economía más humana

Educación, investigación y sanidad dejarán de ser consideradas gasto público, son inversión. Las fronteras entre público y privado se difuminarán, sobreviviendo aquellas unidades capaces de dar mejor servicio con menos recursos. El trabajo se flexibilizará, impulsado por la tecnología. Aumentará la dispersión geográfica de la población, junto con las economías de proximidad, en detrimento de las economías de escala. El sector del ocio pasará a ser el principal motor de la globalización, dejando atrás a la industria y al consumo sin límite.

4. Nuevo liderazgo global

China ha ganado la batalla a la pandemia, la guerra comercial y su nueva posición en el orden mundial con trabajo y paciencia, junto con un control magistral de la tecnología y de las redes sociales. Quedan muchas dudas e incertidumbre, pero al final prevalecerán las democracias frente a los autoritarismos, la solidaridad internacional frente al proteccionismo y todo este cambio probablemente sea liderado por una Europa unida.

5. Nuevos hábitos de consumo

El ocio gracias a la tecnología convergerá con la salud y la naturaleza. La carrera hacia el low-cost ha demostrado ser insostenible. Se fabricarán menores tiradas, pero de mayor calidad y polivalencia. La impresión 3-D, el código abierto y las economías realmente colaborativas sentarán nuevas bases de consumo donde el compartir tendrá una importancia mayor que el poseer. Los sectores tradicionalmente industriales se tendrán que adaptar a las nuevas relaciones económicas o desaparecerán.

6. Redes sociales de verdad

Con el confinamiento, las redes sociales han evolucionado con nosotros. La relación con nuestros familiares aislados durante estos días paradójicamente ha podido ser mucho más estrecha. Hemos hecho videoconferencias con nuestros mayores. WhatsApp ha mezclado las relaciones laborales con las personales, permitiendo multiplicar la productividad y el acceso a la información. Nunca se ha fiscalizado más y mejor, en tiempo real, la labor de nuestros gestores públicos. Nunca se han analizado con más detalle los discursos políticos. Nunca hemos estado tan cerca de la verdad, y al mismo tiempo con mayor riesgo de caer en distracciones.

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