Conversaciones Ciudadanas: El cuidado, tan común y escaso / Por Juan Altamar Santodomingo

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Conversaciones Ciudadanas: El cuidado, tan común y escaso

Con beneplácito vimos engalanarse la Plaza de Soledad el pasado jueves, todos orando a Dios, clamando mejores tiempos, sin violencia y en paz. Ciudadanos espontáneos y autoridades acudieron. Debemos seguir orando y manifestar humildad ante el Todopoderoso.

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Por Juan Altamar Santodomingo

 

e capitularn las conversaciones ciudadanas hay el anhelo de la oración para ahuyentar la codicia de quienes hacen uso inadecuado de los recursos púbicos, malos manejos, e indolencia; deseando que la autoridad actúe e imponga orden en todos los aspectos porque el caos es general: aguas servidas en las calles rotas, basuras por todas partes, desorden de movilización, reguladores generando trancones y coaccionando para no inmovilizar, poco compromiso ciudadano, jóvenes sin oportunidades, finanzas precarias, en fin, todo viene acumulado de varios periodos, que genera inseguridad.

Otros con desconsuelo terrenal dicen: que hacer cuando los ciudadanos venden su poder de decisión a quienes quieren que la ciudad siga igual, para reinar y engañar. Entonces surge el compromiso con el ciudadano; hay que explicarles, convencerlos que el territorio es de todos y hay que cuidarlo. Nace entonces la teoría del “Cuidado” como la oportunidad que tienen las personas de atender, proteger, conservar, cultivar, preservar para hacer desarrollar sus lugares, desde la familia, núcleo fundamental de la sociedad, la vecindad, la cuadra, la manzana, el barrio y la municipalidad.

Y es que el cuidado es la actividad más importante en la vida del hombre: cuando el ser nace, sus padres le cuidan hasta que se sueltan, la naturaleza misma es ejemplo con todas las especies vivas, la tierra, el campo, su desarrollo necesita del cuidador, que es la expresión autentica del amor. La sociedad es un organismo vivo, tiene su dinámica y reacciona ante circunstancias, luego entonces, la vida en sociedad necesita cuidadores, y esos, somos todos los integrantes de la misma comunidad.

Las actividades de cuidado no tienen color, religión ni partido, cuando los cuidadores hacen conciencia que esa sociedad donde convivimos necesita ser atendida, para que los espacios se construyan, conserven y mantengan de manera incluyente, y las personas se sientan importantes.

Todos debemos ser cuidadores de nuestro espacio, ciudad y sociedad para así desarrollar los pensamientos, sueños u opiniones con agrado, alegría, respeto e inclusión. Con ese compromiso podemos construir ciudades amigables, queridas y cuidadas por sus “cuidadores”.

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