Cultura, Music, Personajes

El día que Alci Acosta le confesó su amor a través de una carta

Durante ese tiempo no dejaron de escribirse, fueron organizando los preparativos de la boda, le pidió a ella que abriera una cuenta de ahorros en la Caja Agraria de Soledad y le enviaba dinero, cada vez que le escribía sus cartas de amor. Reunido el dinero suficiente consideró prudente regresar a Soledad para unirse en matrimonio y compartir su vida con la mujer que lo ha acompañado durante sesenta años, desde el día 3 de abril de 1960, cuando se casaron en la iglesia San Antonio de Padua, en Soledad.

ferna

 

 

 

 

Por Fernando Castañeda García

l capitulara vida cambió para Ruth desde aquel lunes de junio de 1959 cuando se dirigía para el trabajo y un niño, a quien apodaban ‘Chapa’ le entregó una carta. Lo recuerda como un día cargado de ansiedad, no podía concentrarse en el trabajo ni evitar pensar en aquella carta que nunca imaginó recibir de su vecino, porque aquel pianista flaco jamás le había insinuado, siquiera con la mirada, que estaba interesado en ella.

Esa noche después de comer, estando a solas con su madre le comentó y enseñó la carta. La señora Agustina Calvo, leyó sin asombro la declaración de amor, adornada con corazones rojos pintados en los bordes de la esquela, y con la sabiduría de una madre respetuosa de las decisiones amorosas de sus hijas, le dijo que ese asunto no era de su incumbencia sino de ella, de la voz de su corazón, porque sólo le podía decir que lo conocía muy bien y sabía que era un muchacho pobre, pero buena gente. Ruth se fue a la cama, pensó por un rato en el pianista flaco y durmió plácidamente.

Después de sesenta años de unión matrimonial, es común verlos sentados en la terraza de su casa compartiendo un amor que parece, en el uno, la prolongación del otro, un amor con una historia y sello propio, como si no perteneciese al mundo de los humanos porque, al escuchar la historia, nuestra imaginación se empecina en llevarnos a terrenos arados entre la fábula y la fantasía. Los observo mientras tomo un sorbo de café. Ruth lo mira para decir que él estaba impaciente por obtener respuesta a su declaración de amor, y a la mañana siguiente la esperó en la esquina de la ‘Gallera La Reforma’ –actual Banco de Colombia-, dejando ver el insomnio en las ojeras de la noche sin dormir, parecía enfermo. La respuesta lo sorprendió y un brillo de felicidad iluminó sus ojeras en vela.

Alci y Ruth
Alci y su esposa Ruth

Le dijo que si quería ser su novio debía hablar con los padres de ella. Fue lo que se le ocurrió por salir del paso y quitárselo de encima, estaba nerviosa. El jueves, dos días después de la respuesta, la esperó en la esquina de la gallera para decirle que les había comunicado al señor Luciano y a la señora Sara, sus padres, la condición que le puso para ser su novia e iban el sábado para la casa de ella. Frente a esta situación no le quedó otra alternativa que manifestarle a la señora Agustina las pretensiones de Alci y ésta le comentó a Martín Agudelo, el padre de Ruth, de la visita del matrimonio Acosta-Cervantes y el motivo de la misma.

La terraza de la casa es el olimpo donde, Alcibíades Alfonso Acosta Cervantes, se sienta en su trono, vistiendo bermudas y camisas con diseños que reflejan su esencia de hombre Caribe, cuando su ‘alter ego’ -Alci Acosta-, descansa del trabajo artístico. La brisa de diciembre se divertía jugando en la terraza y los flamencos artesanales sembrados en las jardineras que adornan las ventanas, con sus ojos sin vida, parecían mirar a Ruth y escucharla atentos y sorprendidos, cuando decía que su papá no estaba de acuerdo porque lo veía como un muchacho sin trabajo estable para hacerse cargo de la responsabilidad de sostener una familia, pero la madre de Ruth lo persuadió con el argumento de las intenciones serias de Alci con la niña. No muy gustoso el padre de Ruth aceptó recibir al matrimonio Acosta-Cervantes, sus vecinos.

Mientras, Ruth, va tejiendo la historia de sus vidas unidas por una carta el artista la observa tranquilo, entonces recuerdo que estoy escuchando la misma que meses atrás me había contado Alci e interrumpí a Ruth porque recordé que indagando por el niño que apodaban ‘Chapa’, de cuyo nombre no se acordaban, le dije que se llamaba Ismael Pardo y había muerto hacía veinte años. El maestro Alci, seguía atento al relato de su esposa recordando que su padre no estaba de acuerdo y el día de la cita se fue al club de billar ‘American Bar’, de donde lo sacó la señora Agustina Calvo, para que escuchara a los padres de Alci, quienes les solicitaron les permitieran a los muchachos iniciar una relación seria, porque su hijo tenía buenas intenciones con la hija de ellos.

Lo mira como su héroe y recuerda cuando le dijo al señor Agudelo que no se preocupara porque él pronto tendría trabajo seguro como pianista de una orquesta y le iba a dar dinero a ella para abrir una cuenta en la Caja Agraria, porque estaba pensando en matrimonio, y con otro pretexto el señor Martín Agudelo le respondió que él no estaba en condiciones para cubrir los gastos del ajuar de su hija y Alci se lo desarmó con un no se preocupe por eso y acordaron el horario de visitas todos los días de siete a nueve de la noche. Lo sorprendente de esta historia de amor fue que los padres de ambos formalizaron un noviazgo sin existir. Hasta ese momento, Alci, ni la mano le había tocado a Ruth.

Habían transcurrido seis días desde aquel lunes de la carta cuando la vida cambió su rumbo. Ruth, daba inicio a un noviazgo oficial con el hombre que le confesó su amor a través de una carta, con el que sólo había cruzado palabras dos veces y quien era su vecino. Comenzó a visitarla todos los días a la hora convenida. Ella lo recibía en la puerta de su casa, él se sentaba en un lado y Ruth en el otro. No se agarraban las manos ni se besaban. Dijo que era muy jovencita, y sus padres estaban pendientes de ellos, porque antes no era como ahora que las peladas son muy lanzadas y en su época eso no se daba, eran novios pero no se habían besado.

alci y ruth 2
Alci Acosta y su esposa Ruth

Mucho tiempo atrás, charlando con Alci, recordó que ella trabajaba en una fábrica de confecciones cerca a la iglesia de San Nicolás, en Barranquilla, él la esperaba a la salida del trabajo y el día que le dio el primer beso, Ruth, vestía un traje color naranja con diseños en negro. Al poco tiempo de ser novios firmó contrato con la orquesta ‘Los diablos del ritmo’, del maestro Pello Torres, se fue para Cúcuta, donde vivió una gran temporada y continuaron el noviazgo a través de cartas. Duraron diez meses de novios, de los cuales Alci estuvo casi seis por fuera del municipio de Soldad, tocando el piano con Los Diablos del Ritmo.

Durante ese tiempo no dejaron de escribirse, fueron organizando los preparativos de la boda, le pidió a ella que abriera una cuenta de ahorros en la Caja Agraria de Soledad y le enviaba dinero, cada vez que le escribía sus cartas de amor. Reunido el dinero suficiente consideró prudente regresar a Soledad para unirse en matrimonio y compartir su vida con la mujer que lo ha acompañado durante sesenta años, desde el día 3 de abril de 1960, cuando se casaron en la iglesia San Antonio de Padua, en Soledad. Ese día, por mantenimiento en las redes, se suspendió el fluido eléctrico en el sector donde festejaron el matrimonio y el famoso vals de Strauss se quedó con los crespos hechos y debió esperar cincuenta años, cuando celebraron las bodas de oro, para que lo bailaran.

Los primeros años fueron a prueba de sacrificios para los recién casados, él seguía tocando el piano en diferentes orquestas de la Costa Norte colombiana, porque quería ser un gran pianista. Para ese entonces había nacido su hija Janeth, (q.e.p.d), en el campo de la música la situación no pintaba bien y Ruth hacía maravillas para estirar el poco dinero que Alci le giraba, dividir el tiempo en los quehaceres del hogar, la atención para su pequeña hija, mientras ‘Checo’ esperaba su turno en el vientre de ella para salir a cantar hasta convertirse en la estrella de la música tropical, que es hoy y símbolo del carnaval en Barranquilla.

Desde el nacimiento de su hija mayor siempre ha estado al frente de la casa, pendiente del mínimo detalle para que cada cosa ocupe su lugar y hasta, hace pocos años, de la ropa de su esposo cuando tenía presentación, porque ahora es el propio maestro quien arregla el equipaje para sus giras artísticas. Es la capitana del hogar que condujo a puerto seguro formando sus hijos en valores, la misma que se sienta todas las tardes en la terraza frente al hombre que le confesó su amor a través de una carta, de cuyo amor nacieron tres hijos y han visto crecer la familia con cinco nietos y tres bisnietos.

Con la misma seguridad y confianza en su esposo, también aprendió a manejar la nueva posición artística de éste. Cuando Alci alcanzó la fama y no tenía reposo en su carrera exitosa, ella continuó con la responsabilidad del cuidado y crianza de los hijos, mientras él, como un gitano sin odios cantando las letras de Cristóbal Sanjuán, recorría las ciudades del país interpretando Odio Gitano, Boda Inútil, Telaraña, Fracaso, Garú en el Alma, Profana, Hazla que vuelva, Tu mejor amigo. Sin embargo, no faltaron los comentarios adversos a su persona porque, como las letras de esas canciones que aún canta su esposo están relacionadas con la traición, la infidelidad y el desamor, en el imaginario popular se creía que ella era la causa. Pero ella tenía plena tranquilidad de conciencia. De igual manera era consciente de la responsabilidad de su marido, hasta el punto de no prestarle atención a conjeturas mal intencionadas que querían mostrar a Alci como un hombre con amantes a montón por su fama.

<Yo creo que si las tuvo, lo supo manejar muy bien. Al fin y al cabo somos un matrimonio feliz y, como es lógico, de pronto hemos tenido uno que otro reparo, cosas sin importancia. Aquí estamos unidos por el amor que nos tenemos y, como digo siempre: mi viejito y yo estamos juntos porque hemos sabido respetarnos y respetar nuestro hogar. Hoy disfrutamos, como siempre, de nuestro amor y ahora lo hacemos con nuestros hijos, nietos y bisnietos. Se puede decir que somos un par de viejos ‘chochos’>. Sonríe.

La segunda taza de café acompañó el final de una conversación en la que hurgué los recuerdos de Ruth y nos trasladamos al pasado. La brisa seguía jugando en la terraza, los flamencos artesanales continuaban observándonos con sus ojos sin vida, y cuando el sol parecía debilitarse, me despedí y los dejé compartiendo ese amor que parece, en el uno, la prolongación del otro.

Deja tus comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Hola, deseas informa
Hola, deseas informar....
Hola, deseas informar....