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El fin de una era: ¿Con Iván Duque terminan 20 años del proyecto Uribe?

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El fin de la era Uribe: Con el presidente Iván Duque terminan 20 años del proyecto Uribe en Colombia

El poder de Alvaro Uribe Vélez, sufre la mengua del cansancio y el desprestigio; se ha venido desdibujando al punto de no tener ya la suficiente fuerza para ungir al próximo candidato-presidente de la derecha, aunque conserve buena parte de su convocatoria.

articulos guillermo

 

e capitularl estado de crispación que vive Colombia por cuenta de la pandemia global que hace estragos en la salud pública y la frágil economía del ciudadano del común, aunada a un malestar social generalizado que ha desembocado en una nueva ola de protestas, conforma una especie de marejada gigantesca que nos arrastra a todos.

El colombiano de a píe enfrenta serios problemas para sostenerse. El precio de la canasta básica viene incrementándose progresivamente en menoscabo de un sueldo que resulta insuficiente para la inmensa mayoría. Los efectos de la pandemia se observan dramáticamente en el crecimiento vertiginoso de la tasa de desempleo y en las enormes deficiencias que el aparato de salud ha evidenciado en medio de este tortuoso proceso.

Muchos enfrentan el dilema de si permanecer en sus casas en una cuarentena interminable aguardando por una vacuna que parece cada día más lejana, o salir a rebuscarse para no morir de hambre junto a sus hijos. Encima se advierte una irritante actitud de soberbia en muchos de los altos funcionarios del gobierno nacional que insólitamente actúan como miembros de una anacrónica e inexistente monarquía, exhibiendo una desconexión total con la realidad del pueblo colombiano, haciéndole, de paso, un pésimo favor al inmensamente cuestionado Presidente Duque.

El escenario es muy difícil para el gobierno nacional que viene mostrándose errático. La imprudente presentación ante el congreso -y posterior retiro- de un proyecto para una reforma tributaria, que además de ser inoportuno no contó con un consenso previo en su elaboración, fue la gota que colmó el vaso, terminó con la paciencia de un pueblo desesperado y se transformó en la oportunidad de oro para la oposición que, como toda oposición en el mundo, aprovecha e incentiva la protesta.

¿A dónde nos llevará este maremoto?

La crisis del coronavirus y todo lo que ello implica en un país como el nuestro, sumada al malestar social generado por la sensación de frustración y ansiedad popular frente a un gobierno que luce improvisado y paquidérmico, que no logra conectar con la gente -en especial con la clase media- ha contribuido a crear una exacerbada atmosfera de desastre y calamidad pública.

Se ha conformado un ambiente enrarecido y hostil que ha sido muy bien atizado por una oposición organizada y eficiente, que tiene un plan eficaz y que capitaliza a las mil maravillas el descontento generalizado. En síntesis, el colombiano hoy piensa que el gobierno le miente, desconfía del mismo como de ningún otro y lo califica de estúpido, dictatorial y asesino.

Lo anterior para la mayoría quizás sea una realidad ineludible, para otros una exageración panfletaria, pero para los que leen entre líneas, representa una verdadera disyuntiva nacional apenas a un año de las elecciones presidenciales.

Las exequias de la derecha en Colombia

Por los antecedentes de lo que denominamos ‘primavera socialista de Latinoamérica’, desde el día en el que Duque obtuvo las llaves de la Casa de Nariño y observamos -por primera vez en la historia de Colombia- a un candidato de izquierda como Gustavo Petro sumando un importante caudal de  votos, sabíamos que los siguientes cuatro años iban a ser muy difíciles para un Presidente que, como su antecesor, Juan Manuel Santos, fue prácticamente designado a dedo por el ex mandatario y ahora también ex senador, Alvaro Uribe Vélez, cuyo poder sufre la mengua del cansancio y el desprestigio y se ha venido desdibujando al punto de no tener ya la suficiente fuerza para ungir al próximo candidato-presidente de la derecha, aunque conserve buena parte de su convocatoria.

Para elegirse, Duque contó con ‘el acompañamiento’ de las muy aceitadas maquinarias de la pequeña, mediana y gran industria electoral colombiana que necesitaban, y aún lo requieren, continuar aferrados al poder a toda costa; los mismos que hicieron de nuestro sistema político un verdadero adefesio de lo que el país alguna vez se planteó como democracia participativa, con sus honradas excepciones, porque las hay.

Se trata de las oligarquías de siempre, de clanes políticos sin ideología alguna, a los que lo único que parece importarles es seguir eligiéndose y reeligiéndose para, desde lo estatal, controlar el poder económico que brinda la contratación pública y el clientelismo inmoral. Son los mismos que enterrarán a la derecha de este país y que parasitarán hasta donde puedan cualquier gobierno que resulte electo en los próximos comicios.

¿Quién heredará el país? Todo indica que la izquierda, porque los partidos de centro no tienen candidato, ni fuerza, ni peso, y los de derecha menos. ¿Qué heredarán? Un sistema que en sí mismo no es malo, pero que ha sido pervertido durante décadas por la corrupción, transformándolo en un asfixiante y entrampado mamotreto inhumano donde la burocracia es, para muchos y en muchos aspectos, la única forma de salir adelante.

Amanecerá el 2022 y veremos

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