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Otros Temas de Conversación: La elección que viene, el cambio que se avecina

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*Otros Temas de Conversación: La elección que viene, el cambio que se avecina

«Habrá un cuatrienio avalado por el cambio, para recomponer el rumbo que viene desde hace dos décadas, y es una oportunidad para no seguir con las malas costumbres en el manejo de lo público, comenzando por lo nacional para fortalecer en la municipalidad».

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Por Juan Altamar Santodomingo

 

l capitularos resultados electorales de la primera vuelta presidencial dejaron muchos temas para conversar, tales como: alianzas, adhesiones, sabaleos, nuevas estrategias de campaña, intensificación de memes, gurús de la predicción; sin embargo, además de saber qué es lo que quiere la gente, se reconoce que hay votos duros, son los seguidores; votos blandos que no quisieron participar o acompañaron a quienes no llegaron; indecisos, los que hacen parte del alto porcentaje del censo que no participaron y pueden decidirse o abstenerse al final. Hoy como en el futbol todos opinamos y creemos tener la verdad.

La primera vuelta de Elecciones Presidenciales en Colombia nos dejó las siguientes enseñanzas: Los electores acudieron sin la “logística” acostumbrada, ni casas de apoyo y no hubo noticias de “mochilas”. Fue derrotado el “coco” del fraude y triunfó el libre derecho a sufragar con resultados expeditos y confiables, demostrando que los “fake news” son mensajes de baja calaña, pesimistas, con fines oscuros para generar pánico y odio entre semejantes, pero caducan con el paso de los días, cuando la realidad se impone.

Aunque la costumbre es rotular a los competidores como de izquierda, centro y derecha, también se les atribuyen matices como, izquierda o derecha extrema, centro izquierda o derecha, izquierda o derecha moderada; Al analizar los discursos, hay similitudes intencionalistas en todos; para lo social, quieren acabar con las desigualdades, propiciar mejores oportunidades, mejorar la educación, cuidar el medio ambiente, salud y pensión en amplio espectro; y discrepancias en lo individual, como el tema del aborto, la dosis mínima de marihuana; todos son enemigos de la corrupción. Se diferencian en el “cómo” hacer realidad las propuestas.

Lo cierto es que los electores prefirieron opciones de cambio, por encima de partidos y el establecimiento, que salieron del juego. Quedan dos figuras disimiles, con propuestas distantes en muchos aspectos y parecidas en otros; el duro discurso contra la corrupción y las fuertes críticas ideológicas al gobierno, propició el momento para elegir a los finalistas.

Lo acontecido en el debate ya es pasado. Ahora se enfrentarán, el gran discurso abundante en narrativa, cargado de sindicaciones, explicativo en cifras y referencias, rotulador con adjetivos descalificadores, y con fuerte componente ideológico que busca el poder para cambiar el sistema; contra un pragmatismo a ultranza, de leguaje común que la gente entiende, que no divide ni sindica a quienes no le siguen, que apuntala su artillería hacia actores que encuadra como corruptos, por apropiarse de lo público; que reconoce estoicamente que no lo sabe todo, y que sabe rodearse de quienes están preparados, para administrar bien la plata de todos con austeridad.

Las tácticas y estrategias en cada campaña para orientar y sensibilizar más electores, si se implementan con ataques y descalificaciones, poco servirán para afianzar a votantes duros ya decididos y aumentará el fastidio en indecisos hastiados de tantos insultos.

Uno solo ganará. El que la mayoría decida para que gobierne a todo el país. Si hay grandeza el debate ya no será en contra de quienes salieron de la contienda, ni buscando cercanías con aquellos, para retomar los trapos de color. Las dos opciones enarbolan banderas de cambio, bueno para hacer pensar al país en nuevos derroteros. No deberá haber marchas reclamando ilegitimidad. Está expedito el camino para un gran acuerdo, como decía un dirigente de hace dos décadas, sobre lo fundamental, que no es ideologizador, sino nacional y patriótico.

Seguir con enfrentamientos sociales es aumentar la polarización que Colombia no necesita, y alejan la concordia nacional que requiere un país que quiere Paz estable.

Lo cierto. Es que habrá un cuatrienio avalado por el cambio, para recomponer el rumbo que viene desde hace dos décadas, y es una oportunidad para no seguir con las malas costumbres en el manejo de lo público, comenzando por lo nacional para fortalecer en la municipalidad. No más apropiación de los recursos de la educación, alimentación escolar, salud. Con éste ejercicio de cambio en lo nacional, la gente sabrá que hacer en los entes territoriales.

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