Entre otras cosas, las redes sociales sirven para tumbar gobiernos y para saber quién murió de Covid

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Las redes sociales como el vehículo de la protesta y mucho más, Ya sea para impulsar una marcha, agredir a alguien o malinformar sobre el covid, las redes sociales son cada día más influyentes

Así como la televisión sirvió en algunas oportunidades de la historia para sostener o tumbar gobiernos, las redes sociales, como los nuevos alfiles de la manipulación, también pueden llegar a tener esa magia. La primavera árabe lo demostró con el uso del twitter para derribar regímenes, Colombia lo está demostrando también con el manejo atroz que se le está dando en las redes sociales al paro nacional y sus “incontables muertos y saqueos”, las imágenes desde múltiples ángulos se repiten hasta el cansancio y a toda hora principalmente en el Facebook. No importa que se trate de uno o de miles, el efecto es el mismo.

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l capitulareyendo un interesante artículo acerca del papel que desempeñaron las redes sociales Twitter y Facebook en la denominada primavera árabe, al servir de centro de comunicaciones para una serie de manifestaciones populares que, exigiendo democracia y derechos sociales, impulsó entre los años 2010 y 2012 la defenestación de regímenes arbitrarios, totalitaristas y genocidas en diferentes países africanos y del medio oriente como Egipto, Túnez o Libia, corresponde tratar de analizar el papel protagónico que las redes sociales están ejerciendo en las protestas de nuestro país y en la psiquis del colombiano.

Los medios de comunicación tradicionales que eran, hace poco menos de cinco años, la forma clásica en la cual las personas se informaban, están en vías de extinción. Esos canales de televisión y emisoras radiales que gozaban de la credibilidad que la audiencia les otorgaba, conforme a la manera en la cual cada uno de ellos abordaba los hechos, parecen estar pasando a mejor vida y la gente ahora tiende -cada día más- a informarse o a desinformarse mediante las redes sociales.

Hasta hace unos años, de alguna manera se establecía a través de los noticieros cierto orden en las narrativas que contribuía a concebir una idea más o menos clara -aunque a veces no tuviese nada de cierta- acerca de lo que estaba sucediendo, eso en la actualidad se ha diluido. Las redes sociales al ser mucho más personales nos cuentan, desde diferentes perspectivas y de una manera caótica, múltiples ángulos de los acontecimientos con la particularidad de que esta vez cada quien elige lo que quiere creer y puede darle un buen like a lo que le venga en gana; y si se arrepiente después, también puede borrarlo y santo remedio.

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Todo el mundo encuentra en las redes lo que quiere encontrar

Los criterios que se imponen en las redes van al ritmo de la edad y del menor o mayor sentido de pertenencia que tengas con relación al espacio en el que habitas, influye tu carácter, tu formación cultural, tu lado oscuro, en fin; es la naturaleza humana en su más patética expresión.

Los jóvenes, que son los mayores consumidores del nuevo platillo son a su vez desafiantes y contestatarios por antonomasia. De allí que figuras románticamente sediciosas y rebeldes -como la del comandante Che Guevara- tuvieron, tienen y continuarán teniendo gran acogida en el ideario universal, de modo que jugar al revolucionario es posible en las redes y sin salir de casa. Ese es quizás el mayor encanto de estos demonios de internet. Pero indiscutiblemente las redes son una revolución en sí mismas. Por la libertad de opinar que nos concede a todos y la inmediatez de la exposición, por la posibilidad de expresar nuestro amor, nuestro descontento, nuestro dolor y hasta nuestro odio incluso hasta mediante un sencillo “emoticón”.

¿Y el liderazgo qué?

Como siempre, y las redes no son la excepción, la mayoría de nuestra especie sigue a ciertos seres que se erigen como líderes y ejercen su influencia en los demás. Hay quienes opinan con mayor peso y estructura y hay quienes lo hacen basados en lo que dicen los primeros. Ya no parece ser necesario tener un enorme curriculum vitae y poseer un buen número de títulos universitarios u especializaciones, basta con poseer cierto tino con las palabras y componer frases pegajosas para convertirse en todo un “influencer”.

El cuento cambia cuando se pasa de la “manifestación” digital y trasladamos nuestro descontento a las calles, encausando la ira a través de la convocatoria y la incitación fluyendo a través de las benditas redes. Allí es donde está el meollo del asunto, “allí es donde está la bolita” como se dice en costeñol.

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El papel de las redes sociales en las protestas

Tomando en cuenta lo anterior y dada la relevancia que sobre las masas tienen las redes sociales, en un momento como este en el que el país vive un verdadero caos, a partir de la violencia generada por enfrentamientos entre manifestantes y autoridades, cabe enfocarse en el papel que desempeñan las redes sociales como la herramienta desde la cual se direcciona la protesta. No cabe duda que desde las redes se agita a las masas y se conforma un clima de desasosiego y caos; aunque al tiempo estas constituyan una ventana desde la cual asomarse a lo que está sucediendo realmente en las calles, aunque esto último también pueda ser debatible.

Las redes sociales como herramienta informativa son fantásticas, pero también lo son como instrumento de manipulación. Es tiempo de creer o no, cada quien maneja su verdad en lo individual, pero… ¿será la misma verdad en lo colectivo?

Las redes de una sociedad perdida en si misma

A diario -y a raíz de esta pandemia- encontramos en las redes sociales un verdadero e incesante obituario que parte el alma y encoge el corazón, en ese sentido las mismas redes sirven para enterarnos inmediata y gratuitamente de los acontecimientos que nos marcan como sociedad permitiéndonos, incluso, la oportuna interactividad para brindar -desde la distancia- unas palabras de aliento a quienes pierden un familiar en medio de la pandemia.

La pandemia y el consecuente encierro, ha cambiado para siempre muchas de nuestras costumbres aunque de momento no lo notemos, también nos ha catapultado a las redes sociales, en ellas buscamos y encontramos compañía, entretenimiento, gente que no vemos sino en fotografías, palabras que no escuchamos pero que leemos.

Por supuesto que vale preguntarse qué hubiese sucedido en esta contingencia universal del covid-19 si no hubiésemos contado con esta herramienta de comunicación que ha convertido a todo el mundo en emisor de información vital, ya sea falsa o verdadera.

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El Facebook es la red social predilecta en Colombia

El Facebook concretamente, que en este lugar del mundo se ha constituido en la red social predilecta del pueblo, es una especie de muro de los lamentos al tiempo que la principal herramienta para mal informarnos. Cientos de páginas y perfiles, muchos de ellos falsos, emiten información las 24 horas del día sin observar ni la metodología, ni la rigurosidad que debe aplicarse en el manejo y contraste de la noticia; la consulta de fuentes es inexistente, el establecimiento de la veracidad de los hechos es lo de menos y la opinión se impone sobre los acontecimientos. Qué importa si es un fake news, la ética también es lo de menos.

Lo importante es el impacto que una información, un video o una fotografía cualquiera pueda tener. De manera que cada quien dice lo que se le ocurre o, en el peor de los casos, forma parte de una operación o conspiración para establecer matrices de opinión en una ciudadanía que le importa poco quién le informa, o sólo busca la información que quiere, le satisfaga o le convenga conforme a su punto de vista.

Mención aparte merecen la cantidad de perfiles y páginas anónimas tarifadas por quienes las explotan profesionalmente para beneficiarse del caos y para desprestigiar a personas e instituciones persiguiendo metas concretas, casi siempre políticas.

¿Qué es la verdad?

Así las cosas, si alguien quiere ver marcianos bailando champeta en la plaza o en el puente del INEM en Soledad, los verá con toda probabilidad obteniendo indistintamente los likes de quienes esperan que eso suceda y que torpemente darán por cierto algo que está en contrasentido con la verdad.

Pero ¿qué es la verdad? Es una pregunta milenaria que formuló el mismo Cristo al ser interrogado por Pilatos. La verdad es lo que percibe cada quien a estas alturas. Lo que cree cada uno de nosotros constituye nuestra verdad individual, aunque esta muchas veces sea falsa para buena parte del resto de la gente.

Que si debemos vacunarnos o no: “En las redes dicen tal cosa”. Que si el gobierno nacional implementó tal otra: “En el Facebook lo dijeron”. Que si están saqueando o matando gente en las calles de Colombia: “Mira los videos”. Increíblemente las redes sociales están teniendo un mayor impacto que la propia televisión en el ideario de la gente. Nunca estuvimos tan cerca y tan lejos a la vez del conocimiento debido al ensordecedor ruido mental que se hace en estas nuevas herramientas de la información.

Las redes reemplazan a la televisión tradicional

Así como la televisión sirvió en algunas oportunidades de la historia para sostener o tumbar gobiernos, las redes sociales, como los nuevos alfiles de la manipulación, también pueden llegar a tener esa magia. La primavera árabe lo demostró con el uso del twitter para derribar regímenes, Colombia lo está demostrando también con el manejo atroz que se le está dando en las redes sociales al paro nacional y sus “incontables muertos y saqueos”, las imágenes desde múltiples ángulos se repiten hasta el cansancio y a toda hora principalmente en el Facebook. No importa que se trate de uno o de miles, el efecto es el mismo.

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