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¿Desde cuándo la prensa se da el lujo de tener falsos positivos?

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Las leguminosas o granos como los garbanzos, los frijoles y obviamente las lentejas, son productos ‘no perecederos’ que -debido a su casi nulo contenido de agua- prácticamente carecen de fecha de vencimiento y pueden permanecer en nuestra alacena hasta años.

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Por Guillermo León Pantoja

u capitularn nuevo escándalo se cierne sobre la, siempre cuestionada, contratación estatal por la adquisición de alimentos para ser distribuidos entre la población más vulnerable debido a la contingencia que entraña la contención del fulano coronavirus Covid-19.

Se trata, en esta oportunidad, de un lote de lentejas o frijoles empacados en bolsas plásticas impresas originalmente con una fecha de vencimiento, a la cual se le colocó luego un sticker con otra fecha de expiración. Las madres de algunos menores que son atendidos en el Centro de Desarrollo Infantil, CDI “Construyendo Familia de Amor”, ubicado en el barrio Ferrocarril de Soledad, en donde se distribuían los granos, señalan alarmadas que los mismos estaban empacados en bolsas de alpiste. Eso fue suficiente argumento para determinar que estábamos ante otro caso de corrupción.

No he visto los empaques físicamente, sólo el video que muchos hemos podido observar a través de las redes sociales, pero me atrevería a decir que el empaque no fue impreso precisa y exclusivamente para el producto que contiene el video en cuestión. Por lógica el empaque de plástico se imprime y luego se llena, porque el producto se encuentra a granel y debe ser empacado. No sería la primera vez que se embolse un producto en otro empaque, máxime si se trata de granos; sobre todo cuando enfrentamos una situación en la cual se deben distribuir alimentos no perecederos de la manera más rápida posible. Esta es una respuesta lógica y es precisamente la que ofreció el proveedor.

No perecederos

Con todo el respeto que me merecen algunos colegas, creo que debemos ser mucho más cuidadosos, ortodoxos y comedidos a la hora de emitir nuestros conceptos. Todo el mundo sabe -y quien no lo sepa puede obtener abundante información en la internet- acerca de la existencia de alimentos que no son ‘perecederos’, es decir ‘no vencen’. Es el caso de las leguminosas o granos, como los garbanzos, los frijoles y obviamente las lentejas que, debido a su casi nulo contenido de agua, prácticamente carecen de fecha de vencimiento y pueden permanecer en nuestra alacena hasta por años.

Los granos si no se empacan no pueden ser distribuidos, eso es verdad como también lo es que, bien empacados, pueden durar años. De manera que, en lo referente al estado de los granos en mención podríamos estar ante un falso positivo en materia de divulgación de una contratación sospechosa; y aunque hoy todos estamos muy vigilantes del tema, no puede ser que “gritemos bingo cuando no tenemos todos los números en el cartón, solo por congraciarnos con aquellos que, ávidamente, quieren leer historias de corrupción constantemente” o lo que es lo mismo: “No podemos andar por allí acusando de corrupto a todo aquel que efectúa una contratación estatal”, sin tener mayor información al respecto.

Es posible que el contrato realizado por el ICBF con el proveedor de las famosas lentejas, en este caso la Fundación Flor de Vida, tenga micos; pero no es el vencimiento de unas lentejas en donde podría estar la clave del desaguisado. Es más, resulta ridículo que basemos en ello toda nuestra argumentación investigativa.

No quisiera hacer el papel de abogado del diablo, pero frente al derecho de estar bien informado creo que es un deber periodístico evitar que, al igual que el coronavirus, el ejercicio superficial de la prensa, cuya ansiedad hace que carezca de método, se propague sin más ni más; tanto en medios de comunicación tradicionales como en medios alternativos, incluyendo las redes sociales.

La información no puede ser parcial, sesgada o tendenciosa, y debemos -por lo menos- tratar de contrastarla, con miras a esclarecer acerca del tema, con todo y lo que esto pueda significarnos malas miradas por parte de algunos colegas.

La cacería

Claro que hay corruptos y a montón; por supuesto que hay bandidos y ladrones de cuello blanco enquistados en el aparato administrativo a lo largo y ancho de la república, eso es innegable y abominable; pero no podemos orquestar una implacable cacería de brujas sin tener para ello siquiera las consideraciones más elementales frente a los presuntos brujos, como es la presunción de inocencia y el derecho al buen nombre.

¿O es que luego vamos a ofrecerle disculpas a quienes perjudicamos con nuestra ‘ligera’ forma de hacer periodismo, con la misma vehemencia con la cual hemos acusado a unos supuestos victimarios que terminan siendo nuestras víctimas?

Aquí se toma el nombre de alguien, sea de izquierda, de derecha o de donde sea y se le enloda sin averiguar a fondo de qué se trata el tema y esa, sinceramente, no es nuestra tarea. Eso se llama amarillismo, eso se llama sensacionalismo. Eso riñe con el principio del bien hacer periodístico.

Vamos duro con quien meta las uñas en el erario público, sin contemplaciones, sin tapaderas; pero, eso sí, con rigurosidad, con investigación basada en el método científico que deberíamos conocer de memoria. Como debe ser, con muchas fuentes, con voces y conceptos calificados, sin prisas, pero con contundencia. No por gritar más duro tendremos más razón. En tiempos de pandemia no seamos nosotros un ingrediente más de la desgracia que enfrenta la especie.

Hay mucha esperanza de parte de la gente depositada en nosotros, en la verdad. Seamos entonces consecuentes con lo que nos exige este momento y dejemos de reseñar especulaciones disfrazadas de investigaciones, sin tener suficientes elementos de juicio que brindarle a la ciudadanía.

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