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¿Qué buscamos con el paro en Colombia? ¿Con quién hay que hablar para solucionar este conflicto?

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¿Qué es realmente lo que buscamos con el paro en Colombia? ¿Con quién hay que hablar para solucionar este conflicto?

Si no podemos esperar un año por las próximas elecciones presidenciales para cambiar de gobierno, entonces digámoslo y punto. Si no nos aguantamos más unos a otros como colombianos, entonces afrontémoslo a ver cómo asumimos una vía de solución a este problema. Pero hay que encontrarle la salida a esta situación sin más dilación, antes que esta tragedia se agudice y empecemos a contar muertos por hora.

articulos guillermo

e capitularl tendero me dijo esta tarde, con gran preocupación, que las verduras subieron de precio y que no se consigue leche, obviamente tampoco el queso. La razón, los bloqueos de las vías impiden el tránsito normal de los camiones cargados de productos alimenticios en un país donde todo se traslada sobre ruedas y en el que la gasolina también ha ido desapareciendo al no poder surtirse de combustible las estaciones de servicio.

Al ritmo que vamos, y de continuar esta situación insostenible, en pocos días será un suplicio conseguir alimentos que puedan costearse, sobre todo para los colombianos más humildes y vulnerables; por supuesto que de esa situación culparemos al gobierno, después de todo es quien debe garantizar el abastecimiento de comida para todo el país, pero lo cierto es que todos tenemos de alguna manera u otra cierta responsabilidad en ese tema.

En Bogotá se tuvo que paralizar el proceso de vacunación contra el Covid-19, también por un problema de movilidad, y ni que decir de elementos absolutamente necesarios para tratar a los enfermos de esta mortal enfermedad como lo es el oxígeno, que empieza a escasear en algunos centros de salud ya sabemos por qué.

Es a estas alturas donde se pregunta uno: ¿Y entonces, con quién hay que hablar para resolver este problema? ¿Quién o quiénes son los líderes reales de la protesta?

El pueblo está haciendo uso de su legítimo derecho a la protesta, no faltaba más y sería aberrante tratar de banalizarla, pero quién o quiénes son los líderes de la protesta que puedan hablar por todo el país indignado; quién puede, en nombre de todos, sentarse a dialogar con el gobierno para encontrarle una salida a un problema que lleva más de una semana ardiendo y miles de millones de pesos en pérdidas por daños materiales, además del costo en vidas que no tiene forma alguna de resarcirse.

Si la idea es que renuncie el Presidente, entonces hay que ser claros y asumir, de una vez por todas, que lo que se quiere es dar un golpe de estado porque, para resolver nuestros problemas estructurales, se necesita en primera instancia terminar con este gobierno, y de paso con el hilo constitucional de este país.

Si no podemos esperar un año por las próximas elecciones presidenciales para cambiar de gobierno, entonces digámoslo y punto. Si no nos aguantamos más unos a otros como colombianos, entonces afrontémoslo a ver cómo asumimos una vía de solución a este problema. Pero hay que encontrarle la salida a esta situación sin más dilación, antes que esta tragedia se agudice y empecemos a contar muertos por hora.

desabastecimiento en colombia
El combustible, los alimentos perecederos y el oxigeno (indispensable para los pacientes con covid-19) están ya escaseando en Colombia por cuenta de los bloqueos. Los sistemas masivos de transporte público en las ciudades más importantes del país han sido vandalizados por desadaptados que desnaturalizan la justa protesta.

¿Somos demócratas? ¿Vivimos en una dictadura?: Un poco de historia…

Por muy falsa que pueda ser o parecer nuestra democracia, con todos sus espantos y defectos, nos ha permitido llegar como un solo pueblo -y bajo un mismo gentilicio- al lugar en el que estamos sin habernos hecho añicos como nación por el tortuoso camino que nos ha tocado andar; tal y como sucedió con la extinta Yugoslavia que sucumbió a las enormes diferencias étnicas, religiosas y de toda índole de sus habitantes para terminar convertida -luego de una guerra atroz y fratricida- en un puñado de países independientes que lucharían luego por subsistir, algunos con menos éxito que otros, en un mundo globalizado y competitivo al que de paso llegaban tardíamente.

Pareciera que -paradójica y dolorosamente- lo que nos mantenía unidos como país, al menos aparentemente, era precisamente la lucha que por décadas enfrentó a las guerrillas con los gobiernos de turno. Hoy que nos acercamos tibiamente a ser una nación en vías de lograr la convivencia para obtener una paz verdadera y dedicarnos a reconstruirnos como sociedad, afloran los odios eternos, ya no en las montañas sino en las ciudades.

Y es que ya no se trata de aquella violencia entre liberales y conservadores de los 40 y 50 en el siglo pasado, ahora se denominan uribistas y petristas; cambian los nombres pero no los odios. Corresponde decir que aunque cada corriente tiene millones de seguidores, la mayoría del país que hoy se encuentra indignado no es ni lo uno ni lo otro; tampoco tiene quien hable por él al no sentirse políticamente representado.

Sabemos que en la banca de los acusados está el presidente Duque, el uribismo y la derecha. Sabemos también que los quejosos somos todos los colombianos hartos del sistema; lo que no está claro es si todos los colombianos llegamos al punto de querer quemar al país. Habría que preguntarnos -en la intimidad de nuestras conciencias- qué es exactamente con lo que queremos terminar, si con el gobierno de Duque, si con la democracia o con el sistema. Sin duda existe una enorme diferencia entre querer liquidar un gobierno y disponerse a reformar todo el sistema, pero para todo ello existe un vehículo y se llama “democracia”.

Aunque cuestionada, la democracia colombiana es -después de la mexicana- la de más vieja data en Latinoamérica; partiendo de allí deberíamos preguntarnos si somos realmente demócratas, si creemos en la democracia como el menos malo de los sistemas de gobierno; si creemos realmente vivir en una dictadura disfrazada de democracia como algunos sugieren; o si nos gustaría experimentar demoliendo todas nuestras instituciones para de esa manera, quizás, resolver la crisis, ya que nuestra realidad y nuestro futuro nos parecen tan desastrosos y desesperanzadores que nada podría hacer que fuesen peores.

Podríamos sacar a Duque a patadas del palacio de Nariño pero alguien, con nombre y apellido, tiene que liderar esta situación en representación de todos y cada uno de los indignados, no de una parte de ellos. Por ahora -y mientras aparecen esos líderes- seguiremos preguntándonos con quién hay que sentarse a hablar para resolver este problema antes de que se agrave y lleguemos al punto de no retorno.

 

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