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OPINIÓN: Coronavirus y política en el Atlántico, una fórmula peligrosa

La vigilancia epidemiológica intensificada, con énfasis en la búsqueda activa de casos, que fue un factor clave en la etapa de contención del virus en Medellín, no funcionó ni oportuna, ni eficazmente en Barranquilla, eso hay que admitirlo si queremos remendar el capote. Ese fue el detonante.

 

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Por Guillermo León Pantoja

 

d capitularado el éxito que han tenido los “paisas” en el manejo de la crisis ocasionada por la epidemia de la COVID-19, la forma en la cual se han desarrollado las estrategias para minimizar los contagios en el departamento de Antioquia debería ser observada y muy bien analizada por los demás entes territoriales del país, más allá de las consideraciones de orden locativas en cuanto a la infraestructura de salud con la cual cuentan los antioqueños que es otro tema. Hablemos de decisiones.

Desarticulando a la política

Para empezar, el gobernador de Antioquia, Anibal Gaviria, desarticuló cualquier posibilidad de politizar la emergencia al establecer la Gerencia Integral de Contingencia, en la que fue designado el reconocido y experimentado médico Luis Gonzalo Morales, quien -junto a un equipo de trabajo- tendría como única tarea diseñar, evaluar y coordinar las acciones de prevención y atención de la emergencia sanitaria con las autoridades nacionales, departamentales y municipales. Quedando sujetas a lo que establezca esa Gerencia Integral de Contingencia, las secretarias de salud de los 125 municipios de ese departamento, incluyendo la ciudad de Medellín y los otros 9 municipios que conforman el Área Metropolitana del Valle de Aburrá.

Además, se nombró un Comité Técnico Asesor, constituido por integrantes de la academia, sector privado, gremios, instituciones prestadoras de salud y de las entidades promotoras de salud públicas y privadas, cuya función es la de evaluar la situación y tomar las medidas pertinentes, actuando como secretaría técnica, pero también sujeta indeleblemente a la Gerencia Integral de Contingencia. Aquí el tema es la salud más allá de las consideraciones de orden político.

La política y los nombramientos

Como se sabe, en la escogencia de un gabinete de gobierno influye -y mucho- la recomendación política, sobre todo en nuestro país que para acceder al poder se deben forjar estrechos compromisos en ese orden. No quiere decir esto que los secretarios de salud de nuestros entes territoriales no se encuentren a la altura del manejo eficaz de una situación como esta, ni más faltaba, nadie está hablando de eso. Me refiero a una razón fundamental, lógica y de sentido común: al frente de un problema de salud enorme necesita usted colocar a alguien especializado en el tema y que además tuviese profundos conocimientos del manejo de crisis. Necesitas a alguien que gerencie la situación, alguien que entre al terreno de juego pensando única y exclusivamente en remediar el problema.

Lo cierto es que muchos de nuestros secretarios de salud han actuado de la mejor manera frente a la contingencia, cosa que también se debe ponderar. Pero, tampoco podemos dejar de aceptar que nadie estaba preparado, al cien por ciento, para esto y las decisiones deben tomarse sin consideraciones de índole político, tratando de neutralizar la injerencia política de cualquier manera, para poder hablar todos el mismo idioma, sin consideraciones electoreras; y precisamente allí está el meollo del asunto.

Más allá de las consideraciones de orden locativas, en cuanto a la infraestructura de salud con la cual cuentan los antioqueños, que es otro tema, hablemos de las decisiones que hemos tomado frente al coronavirus.

Departamento, distrito y área metropolitana: tres visiones que deberían tener una sola voz

Comenzando con los sistemas de pico y cédula que nunca han coincidido, las decisiones del alcalde de Barranquilla, Jaime Pumarejo, tienen pocas congruencias con las medidas de su vecino, el alcalde de Soledad Rodolfo Ucrós, siendo ambos territorios atlanticenses los que mayor número de casos de coronavirus presentan y aquí el tema no es de estrato social, porque el mortal virus no respeta direcciones, ni puntos cardinales.

La gobernación del Atlántico, llamada a liderar el tema desde su inicio, poco ha podido hacer por imponer sus criterios en el distrito de Barranquilla y -por mucho que se quiera disimular- la vigilancia epidemiológica intensificada, con énfasis en la búsqueda activa de casos, que fue un factor clave en la etapa de contención del virus en Medellín, no funcionó ni oportuna, ni eficazmente en Barranquilla, eso hay que admitirlo si queremos remendar el capote. Ese fue el detonante.

No es llorar sobre la leche derramada, es mencionar lo que no se hizo

No se identificaron de manera oportuna y geolocalizadas los brotes, lo que permitió que se esparciera hacia las zonas más vulnerables de las ciudades de Barranquilla, del municipio de Soledad y del resto del área metropolitana; concepto este -el de Área Metropolitana de Barranquilla- que el coronavirus terminó de aniquilar, no por deseable sino por inoperante.

Como se hizo en Antioquia, en el Atlántico debimos articular el aspecto científico con el logístico; científicamente había que elaborar estrategias para salirle al paso al virus, mientras que logísticamente había que diseñar un plan coherente y sostenible para la atención social de la población y el mantenimiento del orden público; todo esto partiendo de un plan muy bien estructurado e inteligentemente proyectado, pero que incluyera a todo el departamento, esa era la formula, eso fue lo que se hizo en Antioquia y allí están los resultados.

Para ello había que llamar a los mejores. Estoy de acuerdo en el hecho de que nunca existió una lista de roles para enfrentar una pandemia que nadie se imaginó, salvo los seguidores de las teorías de la conspiración y algunos lectores avezados. Pero debimos echar mano del directorio de atlanticenses muy capaces con los que contamos, que seguramente tendrían o tienen, mucho que aportar en este tipo de cosas y que seguramente están prestas a ello.

Pero lo primero que había que hacer era desconectar lo político de lo necesario, y en este particular, muchas veces, no hay puntos de convergencia.

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